La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo
Nelson Mandela
Escribir es una de las cualidades humanas para simbolizar la realidad: una manifestación de nuestra racionalidad. Al escribir, traducimos y potenciamos nuestros ideales, posiciones políticas, gustos literarios, deportivos, científicos, musicales, pedagógicos…escribir en una revista cuyo único fin es difundir la cultura y abrir la ventana para que mucha gente se asome para disfrutar, debatir, cuestionar, aprender o reflexionar sobre ene tópicos -de manera destacada acerca de la educación-, es y ha sido un privilegio desde hace quince años.
Estamos acostumbrados a agrupar las experiencias o hechos significativos de diez en diez (como en el sistema métrico decimal) o bien, de cinco en cinco, como los dedos que tenemos en cada mano y con los cuales escribimos, por ejemplo.
Tres quinquenios, tres lustros, una década y media de textos educativos y culturales elaborados fundamentalmente por maestros comprometidos con la educación cuyo único fin es compartir sus experiencias acumuladas en su práctica docente o en terrenos de la investigación educativa. Los puntos de vista de quienes colaboramos en la revista Pálido Punto de Luz suelen coincidir en las diversas ópticas necesarias para proponer, cuestionar o apoyar medidas, planes, programas, modalidades, carencias o fortalezas del sistema educativo nacional; pero, también, fruto de esa diversidad y libertad para escribir, llegan a ser contrastantes o francamente antagónicos en algunos puntos específicos, lo que enriquece el valor del producto- de la revista- pues, en la diversidad está la riqueza y la opción para que los lectores hagan suyo aquello que les resulte de beneficio para repensar el mundo y su quehacer docente: de esa manera, la revista trasciende porque ayuda a cambiar esquemas de pensamiento y acción, necesarios para acceder a la educación que queremos y al país que anhelamos, porque, de una u otra manera coincidimos, también, en el valor de la educación para transformar el mundo.
La revista nació en septiembre de 2010, justo en el Bicentenario de la Independencia Nacional. Coincidencia o no, pocas fechas tan emblemáticas para iniciar un recorrido de difusión que ha sido venturoso, porque aquello que se hace por gusto y convicción necesariamente da buenos resultados. De ese bicentenario han pasado quince años, y nos da la oportunidad para vincular la gesta histórica con la realidad actual y preguntarnos qué tanto somos independientes y cuánto de ello le corresponde a la educación; porque las revoluciones no solo se logran con armas de guerra, sino, de manera más profunda con el pensamiento, los cambios culturales, el cumplimiento de las normas y el desacato a estas cuando son perniciosas para el pueblo. Toda educación debe ser revolucionaria, pasar de la aplicación de técnicas y la transmisión del conocimiento a la formación de individuos libres capaces de asociarse y luchar de manera conjunta para mejorar su estatus personal y colectivo.
En lo personal, más que momentos o textos personales y específicos en la revista que me hayan ayudado a crecer como maestro y como persona, debo agradecer a sus directores, Rafael Tonatiuh Ramírez y Armando Meixueiro, la oportunidad que me dieron, desde un principio para escribir en este espacio, porque en cada texto está mi esencia magisterial y en cada uno de ellos brotan mis sueños, mis inquietudes y mis desavenencias o criticas ante determinadas políticas educativas sexenales, no siempre atinadas, no siempre con visión de largo aliento y, muchas veces, ajenas a lo que realmente son los entornos escolares, las condiciones laborales y las necesidades de los niños, niñas y jóvenes que cursan sus estudios en algún subsistema educativo.
Hay veces que lo que uno escribe no encuentra el eco deseado y ello se convierte en un acicate para mejorar. ¿Qué debo cambiar? ¿Qué he repetido tanto que se vuelve circular y sin fuerza? ¿Qué tipo de lenguaje he de intentar para que no quede en lo simple ni caiga en lo pretencioso? ¿Cuáles son los temas que realmente interesan y sirven a los maestros?
Sentarse frente al teclado no implica, solamente, un momento de inspiración, sino un compromiso ante los potenciales lectores. Cuando el texto es reproducido en las redes sociales (un medio que sirve para difundir con mayor amplitud), uno recibe, como en la escuela, una calificación aprobatoria, reprobatoria e, inclusive, condenatoria. Más allá de lo bien que se sienten los comentarios positivos e incluso los condenatorios con argumentos, uno se da cuenta que sirvió para hacer pensar aun cuando sean contrarios a la esencia de determinado texto. Porque, además, en cada escrito hay una necesaria posición no solo ante un tema educativo sino ante la vida misma: hay una ideología que no puede hacerse de lado, porque entonces no sería auténtico y perdería credibilidad. No se trata de ideologizar todo dejando de lado el análisis ponderado de los temas; hay ocasiones, en las que uno puede, inclusive, coincidir en pensamientos específicos, con aquellos cuya esencia ideológica y de clase son totalmente ajenas. Cuando algo se hace bien, desde las posturas a las que regularmente se combate, es necesario reconocerlo y no caer en ideas propias de un panfleto. Eso, no es nuestra revista, y digo nuestra, porque así lo siento. Pálido, es una revista plural, y en ello reside su fuerza: no hay ataduras ni líneas obligadas de pensamiento a seguir.
En estos quince años, el mundo ha cambiado a un ritmo vertiginoso y los maestros y maestras hemos tenido que cambiar, aprender y desaprender. En México se gestó una transición de gobierno y, no obstante, seguimos señalando las insuficiencias, las aberraciones de los secretarios y secretarias de educación que no han estado a la altura de las circunstancias, porque si algo seguimos exigiendo es que los maestros sean los verdaderos artífices del cambio, porque son quienes están en las entrañas de los procesos que se gestan en las comunidades educativas, porque merecen el reconocimiento social y gubernamental y porque sus salarios deben ser sustancialmente mejores.
En estos quince años, quien esto escribe, ha cambiado para bien en sus cursos, con sus estudiantes, en su preparación, en la comprensión de que, para enseñar, antes que nada, hay que aprender, y Pálido Punto de Luz ha sido una gran plataforma para mostrar algo de ello y ampliar el microcosmos en el que me desempeño como maestro.
Como en la tradición mexicana, Pálido es una bella quinceañera, aunque no haya que presentarla en sociedad, porque sus diferentes colaboradores se han encargado de que crezca, madure y se consolide como la mejor revista de educación en México. Gracias, Rafael Tonatiuh y Armando por su tenaz, comprometida y culta empresa para que mes a mes, los maestros y maestras encuentren un valioso referente para mejorar su quehacer educativo.
Surgirán nuevos programas, vendrán otros tiempos (mejores, iguales o peores que el actual), llegarán nuevos funcionarios, y los maestros desde la trinchera y la pluma seguiremos apoyando lo bien hecho y, sobre todo, poniendo el dedo en la llaga, cuantas veces sea necesario, ante las malas decisiones, para que nuestra educación mejore, Pálido, seguirá siendo nuestro privilegiado espacio textual para hacerlo. Muchos años y mejores frutos por delante para la quinceañera revista. Un vals por ella. Salud
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