Durante años la divulgación de la ciencia ha sido mi pasión, escribir sobre ciencia es algo que he disfrutado, hasta el momento sigo con la seducción de escribir un libro, en un momento había pensado que este debía ser con tópicos referentes a ciencia que estudia los procesos biológicos -porque esa es mi área de formación profesional- tan es así que, al formar parte del Comité Ambiental de la unidad académica del IPN en la que laboro actualmente ya hace 3 años, fui invitado a escribir en un espacio de la gaceta del CECyT 4 Expresa Arte, espacio que aproveche para escribir sobre temas de problemas ambientales, sustentabilidad y algo de conciencia ambiental naturalmente.
Sin embargo, al entrar a la Maestría en Educación Ambiental, bajo la acertada y siempre amable orientación de los doctores Tonatiuh, Armando y Oswaldo, comencé a ver los contenidos científicos de una manera más crítica, esta nueva perspectiva debía verse plasmada en los escritos que estos estudiosos investigadores de los temas ambientales me incitaron a escribir como parte de sus estrategias didácticas, ayudándome a ejercitar esta actividad que a los neófitos en estos menesteres se nos hace harto complicado, puesto que exponer nuestras ideas en un párrafo no es cosa sencilla.
Recuerdo que un ejercicio de la didáctica del Dr. Tona -como la mayoría nos referimos a él de cariño- fue, precisamente, escribir un artículo sobre una experiencia que hayamos tenido a lo largo de nuestra vida en el puerto de Acapulco y que además podía ser publicado en la revista Pálido punto de luz, motivación extra para hacer mi mejor esfuerzo para cumplir con dicha encomienda.
En lo particular no siento mucha atracción por ese destino turístico, por lo que mis experiencias ahí son escasas y eso hizo que esta tarea fuera un tanto complicada, sabía que el escrito no debía ser yerto o estar ceñido a las normas de algún género literario en particular, y eso facilito mi cometido, solo necesitaba buscar en algún cajón de mi memoria para recuperar un recuerdo de una experiencia en Acapulco digna de ser presentada en tan importante publicación. Después de un rato llego a mí la evocación de un no tan grato recuerdo de un viaje a Acapulco en mi niñez con mi familia, que terminé plasmando en el ordenador de palabras de mi computadora, terminando el escrito lo titulé “El tormentoso Acapulco”.
Confieso que sentí cierta duda en bautizar así mi escrito ya que por la narrativa que expresó el Dr. Tona al compartir sus vivencias en ese puerto, sus ojos se iluminaban denotando un cierto apego emocional por ese lugar en particular y el titulo de mi artículo no era un tanto adecuado a ese sentimiento.
Sin embargo, una tarde al subir las escaleras de la unidad 095 de la UPN, nos encontramos en el camino el Dr. Tona y yo y después de darnos las buenas tardes, me dijo: el tormentoso Acapulco eh y algo en mí me confirmo con agrado que sí sería publicado mi artículo, y efectivamente, tiempo después vi cómo se plasmó un recuerdo de mi infancia en tan importante revista.
Al inicio de este artículo mencioné que para mí es un gusto escribir y ahora que estoy en el desarrollo de éste siento la misma emoción y más aún que sé que será parte, no de un número más de la revista Pálido punto de luz, sino de un número especial, nada más y nada menos que de la edición correspondiente al décimo quinto aniversario de publicación ininterrumpida de tan prestigiosa revista, reflejo de la dedicación y empeño de estos dos grandes divulgadores de la Educación Ambiental en todas sus dimensiones.
Finalmente, no me queda más que felicitar al Dr. Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y al Dr. Armado Meixueiro Hernández por tan loable labor de divulgación de la educación ambiental, agradecerles por tan amable invitación a participar en este aniversario de los tres lustros de la revista, así como desearles muchas publicaciones por muchos años más. ¡En Hora Buena!
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