Comienza con fuerza poética y ahí también inicia su propuesta pedagógica. Su nombre tensa, sin antesala, a la interpretación incansable, contrapunto de la cultura del hashtag. La lectura de su nombre juega en los labios, emergentes sentidos del Pálido-Punto-De-Luz.
Desde el umbral de esta revista, se refractan, se revelan, se encarnan las tonalidades del as del hecho educativo.
Al entrar, la propuesta del Pálido De Luz, nos abraza. Nos dejamos ser tejido, pero no somos arrastrados por la estridencia, más bien reconocemos una sala familiar y extrañada o un “oasis” donde se desafían vigorosamente los derroteros más altos de la educación. Es ella la que se pone en jaque.
Aquí no se le teme al análisis que reconoce la agencia de la educación en los males de la época. Por el contrario, se introducen quiebres a sus prácticas, a sus objetivos, a sus espacios, a sus contextos y a quienes la habitamos o la (des)acreditamos.
El Pálido Punto horma el diálogo íntimo con las autorías más granadas que problematizan el presente. Aquí se convoca de forma impaciente a la profundidad del ensayo, a la agudeza del análisis, a la novedad tecnológica, a la clarividencia del arte, al testimonial… a fin de desarraigar de esta forma de vida llamada educación a la mediocridad nacida de no reflexionar hondamente.
En este fin no hay tregua. Cada esquina del Punto De Luz tiende una provocación para reflexionar y aprender, nunca sin dolor, de la incertidumbre, del desafío, del vértigo de ser docente y ciudadano y animal y tejido planetario.
De ahí que este Pálido no nutra lectores de cristal, ni de mazapán. En su didáctica no apuesta por falsas fragilidades, impostoras de la sensibilidad. Es la discusión de lo cotidiano, según reconoce esta revista en su responso existencial, lo que prepara a sus lectores para no deslumbrarse con las modas de la autocomplacencia, y por el contrario elevar el gozo de ser educador/a.
Por todo lo anterior, las propuestas de este Pálido Punto De Luz, son resistencia presente. Su apuro revela la más profunda, la más comprometida y la más sensible emergencia de lo humano y por tanto, como diría la poeta colimense, Krishna Naranjo, nos hace fuego y enciende nuestras revelaciones.
Esa es la posibilidad que abren los editores en su profunda coherencia con la educación indómita: la educación ambiental y, un legado culto.
Mi agradecimiento por habitarnos De Luz.
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