(…) ventanas abiertas al mundo, espejos donde podía mirarse y soñar con otras vidas.
Arturo Pérez Reverte, La reina del Sur
I
Se cumplen tres lustros del primer número de la revista electrónica de educación (con ISSN y toda la cosa) Pálido punto de luz, con ese genial nombre que acuñó Carl Sagan para referirse a la Tierra vista desde las profundidades del espacio. Pálido, como la llamamos sus beneficiados, se ha vuelto un referente para la educación en México.
Yo llegué a colaborar a Pálido por la invitación generosa de mi profesor y amigo, el doctor Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y por el apoyo siempre generoso y solidario del no menos genial Armando Meixueiro, quienes han mantenido el proyecto con sus propios medios y trabajo. Así, he tenido la oportunidad de compartir con los lectores de Pálido punto de luz historias de cuando solo trabajaba en universidades privadas, de cuando combine públicas y privadas, o de ahora, dónde solo trabajo en una universidad pública.
También, he podido compartir mis reflexiones sobre la educación, mis vivencias, gustos y disgustos, reseñas de libros, películas y series de televisión. En fin, he podido hacer lo que se hace en cualquier buena revista, que es tratar de conectar con tus lectores con temas de interés.
II
El hecho de que Pálido punto de luz sea una revista –electrónica, pero revista– posee una particular importancia para mí. Desde muchos años antes de que yo empezara a estudiar periodismo en la Septién, las revistas formaban parte de mi vida. En la casa siempre había ejemplares de Selecciones del Reader´s DIgest –como en la gran mayoría de las casas urbanas de esas lejanas épocas– y de Contenido, la revista de Ayala Anguiano que pudo superar ser una copia de la primera para tener un lugar de importancia por sí misma.
También teníamos Aguiluchos, Señal, Vanidades, Interviú, a escondidas hubo ejemplares de Caballero, Claudia, Negocios y Bancos, y otras. Mi papá colaboraba en algunas de ellas, en otras yo llegaría a colaborar. Ya en épocas de la licenciatura y después, trabajé o colaboré en varias revistas como Claudia, Automundo Deportivo, Selecciones, la de investigaciones jurídicas de la UNAM, Regeneración, Ágora Zacatecas, Semillero 65, IE Revista de Investigación Educativa de la REDIECH, y muchas más, tanto en formatos digitales como impresos.
La lectura de estas y otras publicaciones más, así como el trabajo en ella y el análisis que he realizado de esos medios tanto en el ámbito de mi licenciatura (en Periodismo) y de la maestría en Periodismo Político (ambas en la Septién) me permiten hablar con cierto conocimiento del tema y poder justipreciar el papel de Pálido punto de luz en el medio académico, de divulgación y especializado.
III
Además, el impacto de las revistas y publicaciones impresas (o digitales similares) ha sido grande y las ha llevado a ser protagonistas de historias. En el plano de la ficción, recuerdo la novela de Isaac Asimov El fin de la eternidad (The End of Eternity, 1955) en la que las revistas tienen un papel de gran importancia porque Vikkor Mallansohn, creador de los viajes en el tiempo, queda varado en el pasado y logra ponerse en contacto con “Los Eternos”, quienes manejaban las diferentes realidades temporales, por medio de un anuncio en las páginas de Popular Science Monthly, nombre que seguramente es un homenaje a un género de revistas especializadas, como nuestra Pálido punto de luz, que surgieron a mediados del siglo pasado y han tenido gran importancia para la difusión del conocimiento en términos de difusión entre lectores no necesariamente especialistas en el tema.
Otras novelas de ciencia ficción en las que las revistas tienen importancia porque se rinde un homenaje a estas publicaciones, son Ubik (1969), de Philip K. Dick, en la que los personajes reciben mensajes en revistas, anuncios publicitarios y envases; los medios impresos se convierten en canales de comunicación desde “más allá de la muerte”. En Crónicas marcianas (1950) Ray Bradbury en varias partes de la novela aparecen textos periodísticos que llegan a Marte, usados para reflejar la memoria cultural y la nostalgia de los colonos.
Tampoco podemos olvidar el papel de Winston Smith y sus colegas que en 1984 (1949) del cuestionable George Orwell, quienes trabajan reescribiendo artículos y notas en los archivos del Times, manipulando la prensa como instrumento de control del Partido. Por su parte, H.G. Wells en La guerra de los mundos (1898) utiliza el recurso de los medios impresos como fuente de información y desinformación durante la invasión marciana.
Para no alargar demasiado esta sección, nombraremos a Arthur C. Clarke Las arenas de Marte (1951); Michael Crichton, Estado de miedo (2004); la increíble Connie Willis en El apagón (2010) y varias novelas más referentes a viajes en el tiempo, y William Gibson en Neuromante (1984) en un mundo dominado por lo digital, pero en el que todavía aparecen publicaciones impresas como reliquias culturales, recordando un mundo donde la prensa fue central.
IV
Creo que las revistas son el mejor medio de comunicación que existe, pues permiten el desarrollo e intercambio de ideas de una manera más ágil que los libros, así como su revisión y puesta al día; además, suelen tratar temas muy diversos y ofrecen una versatilidad importante.
Precisamente, esto es el valor de Pálido punto de luz, el proyecto de Tonah y Armando: un foro donde se discute desde muy variados puntos de vista de temas relacionados con la educación, el magisterio, la pedagogía, la educación ambiental y, en general, de todo aquello que importa a la sociedad, de todo aquello que nos hace realmente humanos.
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