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Jueves, Mayo 14, 2026

Muchos de los parámetros o paradigmas, si se quiere ser más precisos, de los modelos educativos están anclados en visiones muy rebasadas que requieren ser reflexionadas. En casi cincuenta años de profesor en distintos niveles, desde la primaria hasta la educación superior, me ha tocado ver, adoptar, cuestionar o luchar contracorriente con diversos modos de educar que pasan desde las prácticas verticales y autoritarias, en las que el maestro es la luz, el orden y quien profiere su verdad basada en un conocimiento – cuestionable o no- acumulado y mostrado en una preparación o cédulas adquiridas a lo largo de su trayectoria. Me tocó ser el profesor que adoptó términos y prácticas heredadas de la cultura militar, como la disciplina, la obediencia, el orden y la estrategia como palancas para gestionar el proceso de enseñanza. El aprendizaje quedaba supeditado a la acumulación de teorías, fechas y fórmulas sin, necesariamente, arribar a la crítica, la reflexión o la síntesis de sus estudiantes para, genuinamente hablarse de aprendizaje; el estudiante recibe pasivamente el conocimiento y el maestro transmite el conocimiento.

Pasé, también, por la educación por objetivos, plagado de avances programáticos ajenos a la realidad, que consistían en vaciar, ‘estratégicamente’ los contenidos del programa en hojas vacías de sentido que, realmente, sirvieran de algo para mejorar los procesos de enseñanza - aprendizaje. Después, los medios masivos de comunicación, en particular la televisión, se convirtieron en un peligro que atentaba contra la institución y la cultura escolar, amurallada entre las cuatro paredes del aula. Pocos comprendieron que esa era una realidad circundante y necesaria de entender, para hacerle frente y utilizar sus mensajes e intenciones para conferirles un sentido pedagógico.

En uno u otro sentido – con muchas más reformas y políticas educativas de por medio- nos hemos acostumbrado a ser un espejo sucio por el que poco se puede reflejar del mundo circundante y nos dejamos avasallar por este, sin entender que somos parte de esa imagen difusa pero más amplia de la realidad.

Llegó la internet, la sociedad cambió y entramos en escenarios de una cultura política diferente, aunque, también, con graves diferencias sociales, vacíos y complicidades gubernamentales (de partidos de una u otra orientación ideológica), que derivaron en violencia, narco cultura y agudización del caos. ¿Y la escuela? Encerrada entre sus muros, hablando de valores, derechos humanos, libertades consagradas y un sinnúmero de eufemismos que no cuadran con la realidad.

La educación debe tener entre sus principios rectores la transformación de las conciencias; arribar a una masa social, crítica, propositiva y participativa en el ejercicio pleno de la ciudadanía. No lo hemos hecho, y los resultados están a la vista. No hemos demandado (con la fuerza y la organización necesaria) más atención y ejercicio presupuestario de los distintos gobiernos para mejorar la infraestructura de las escuelas, los salarios y condiciones laborales de los maestros, los insumos técnicos e informáticos que demanda la realidad de un mundo globalizado. Nos conformamos con adoptar o adaptar los programas educativos cuya visión corresponde a la política educativa de determinada gestión, sin tener una visión de largo aliento y prospectiva que transite a una auténtica filosofía educativa en la que los maestros deben ser tomados en cuenta -de manera real y sin encuestas a modo o pequeños grupos focales-, mientras seguimos quejándonos de lo mal que están los estudiantes sin ver más allá ni detenernos a pensar y actuar de otra manera.

Hoy -desde hace años, realmente-, debatimos si la inteligencia artificial es un peligro que inhibe el pensamiento crítico o si es la panacea que debemos aprovechar para utilizarla con fines pedagógicos. Seguimos enfrascados en esa discusión y, simplemente, algunos la utilizan y otros la rechazan tajantemente.

De entrada, se podría decir que no hay inteligencia alguna, o al menos razón, que no sea la humana, porque inteligente es un perro, un delfín, un chimpancé, mas no racionales. Una máquina, plataforma o serie de algoritmos puede ser un dispositivo útil para enriquecer los procesos de enseñanza-aprendizaje, mas no inteligencia. Son los maestros quienes hemos de valorar los riesgos y alcances de la IA, y decidir cuándo y cómo ha de utilizarse o si no ha de tomarse en cuenta.

No tomarla en cuenta o asumirla sin la reflexión y el análisis ponderado es igualmente peligroso. Si no hemos de utilizarla, al menos, hay que cuestionar su utilización, propiciar el debate colectivo y constructivo en las aulas.

Chomsky afirmó que la IA no es sino el “plagio más grande la historia”; si la utilizamos sin más, es permitir que el pensamiento crítico se siga deteriorando y que nuestros estudiantes transiten por el camino fácil de buscar, copiar y pegar, y eso sería muy grave. Es un atentado contra la razón.

Si la prohibimos -también, sin más- es desatender la realidad de una sociedad, muy en particular los jóvenes, enfrascada en dispositivos en los que encuentran una gran cantidad de información que, muy eventualmente, abona a su formación académica, humana.

¿Se debe o no utilizar la IA? No hay sentencias absolutas en ese sentido: ¿Quién, ¿cómo? Lo que, si es posible, desde este y muchos análisis que convergen, es revisar el plano ético de su utilización; es decir, qué tanto debemos evitar el plagio y desde dónde y con qué condiciones ha de utilizarse. Si se ha de hablar de valores, deberíamos empezar con la posibilidad o no de utilizarla, siempre y cuando haya honestidad a la hora de hacerlo.

¿Cuántos ensayos o reportes de lectura convencionales no habrán revisado los maestros que son auténticos plagios? ¿Cuántos de esos profesores se habrán dado cuenta? ¿Qué hicieron o dejaron pasar si es que lo advirtieron? ¿Qué tanto con la IA estas prácticas han crecido y qué tanto incrementarán? ¿Qué deberían hacer los maestros para cerciorarse de su utilización con una perspectiva ética? Son preguntas al aire, para que cada uno, desde su muy particular trinchera pedagógica (otra vez el lenguaje castrense), las piense y socialice con sus estudiantes.

La IA, debe ser motivo de una exhaustiva reflexión en foros académicos para que la realidad no nos avasalle, tanto por cerrar los ojos con temor, como por permitir que caminemos hacia una sociedad acrítica. Claro, no todo se resuelve desde la escuela; por supuesto que es parte de una realidad más grande que nuestros recintos; desde luego que la IA o lo que venga es parte de una civilización que sigue produciendo conocimiento, aunque no todos, realmente, lo procesen adecuadamente, dentro y fuera de las escuelas.

Como maestros, puede ser un instrumento útil para planificar, desarrollar presentaciones, dosificar contenidos, plantear estrategias. No se advierte un gran peligro, sino una posibilidad, una herramienta al alcance de los profesores, siempre y cuando, utilicemos dicho insumo desde nuestra propia formación y conocimientos adquiridos, para ingresar los textos que cada uno haya leído y ‘pedirle’ al algoritmo que los ordene de tal o cual manera. Lo contrario, es plagio, aquí y en China.

El problema está en cómo arraigar o incorporar una visión ética en los estudiantes. Es factible que la utilicen si dan crédito, si son capaces de resistir una réplica de su ensayo o tesis para mostrar que realmente el contenido, su significación y síntesis fueron adecuadamente procesados, sin menoscabo de sus potencialidades racionales.

Eso, es difícil, pero hay que intentarlo. Aunque no de manera preponderante ni sustitutiva del diálogo entre maestros y estudiantes. La lectura permanente de la realidad nos coloca ante dilemas complicados. Ya antes los hemos enfrentado, a veces con éxito, otras no, y es momento de seguir investigando acerca de la IA, ingresando a sus diversas plataformas para ver qué, cómo y hasta dónde es válido utilizarla en los cursos que se nos encomiendan como maestros.

Si en las sesiones se privilegia la lectura de textos, se comentan y se propician el debate y la construcción de argumentos sostenibles, estaremos en condiciones de verificar el avance del pensamiento de nuestros estudiantes, de valorar, sin máquinas de por medio, lo que realmente van aprehendiendo, significando y utilizando para crecer como entes racionales que podrán, o no, utilizar la IA, desde esa condición, que humana, al fin y al cabo, atraviesa por una reflexión y actitud ética.

Si hemos de entrar a la IA, hagámoslo fortaleciendo la razón; si queremos que los hagan desde una perspectiva ética, establezcamos las pautas para que los cursos se orienten, constantemente, bajo esa mirada. No se trata de recetas milagrosas: ni utilizarlas ni decir cómo han de utilizarse: se busca, simplemente, que si se han de utilizar las nuevas herramientas (llámense como se llamen y vengan las que hayan de venir), que no perdamos de vista que educar va más allá de cualquier insumo; que, efectivamente, debemos entender las nuevas realidades, y que, por anacrónico que parezca, la socialización del conocimiento y la puesta en práctica de las virtudes humanas, no han de ser sustituidas por desarrollos tecnológicos: que no hay insumos que valgan más que el desarrollo de la razón, y que habrán de utilizarse, siempre y cuando abonen al desarrollo de cursos plagados sentido, diálogo respetuoso de saberes, transformación de las conductas, fortalecimiento de la crítica y una visión ética que nos haga más humanos.

Sacapuntas

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Susana López Charretón
Aristóteles

El timbre de las 8

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández

La Clase

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Daniela Morisette Munguía Jiménez
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Daniela Martínez Montoya
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Mónica Flor Sánchez Pérez
Hanna Cruz
Citlaly Abigail Díaz Pedroza

Mentes Peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández
“pálido.deluz”, año 15, número 182, "Número 182. Miedos escolares. (Noviembre, 2025)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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