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Jueves, Mayo 14, 2026

A pesar de que se considera que la escuela debe ser un espacio seguro, no solo para los alumnos sino también para toda la comunidad que en ella conviven, la realidad ha sido distinta, en espacio y tiempo, ni todas las escuelas viven los mismos casos de violencia, ni desde que se instauró la educación formal se han vivido los mismos orígenes del miedo en los estudiantes.

 

A lo largo de la historia las dinámicas de enseñanza han incorporado cierto halo de violencia como método para “orientar” el aprendizaje de los educandos, violencia que ha ido evolucionado desde los aspectos físicos hasta las -a veces sutiles e indetectables- presiones psicológicas tanto de los docentes como de los propios compañeros de clase.

 

Como hemos visto el binomio violencia-miedo es una combinación casi inseparable, sin embargo, aquí haré una distinción para entender desde la visión de los expertos que es el miedo.

 

El vocablo miedo proviene del latín; metus, temor y hace referencia a ser una angustia por un riesgo o daño real o imaginario (Real Academia Española, 2019). El tema del miedo (furcht) en la obra de Freud aparece desde sus primeras publicaciones, en estudios sobre la histeria (1893-1895) plantea que en los neurópatas se presentan una serie de miedos, sobre todo principalmente a los animales tales como; (serpientes, sapos y, máxime, las sabandijas) miedo a las tormentas y a la niebla, para Freud “el papel principal lo desempeña el miedo primario, por así decir instintivo, que se considera como un estigma psíquico.” (Freud 1998, p. 106). El miedo se instituye como huella psíquica que será la antesala de las fobias de los neurópatas (Jacobo, Manzo y Vallejo, 2020).

 

Para 1905 el texto de tres ensayos de teoría sexual de Freud, deja ver que el saber en la infancia tiene fuertes ligaduras al miedo, en el cual nos permite recordar con que regularidad es poco escuchada la palabra de los niños y las niñas, como si su palabra careciera de carácter de verdad e importancia, en la que los pasajes infantiles fueran inexistentes porque el adulto ha sabido como evadirlos o prestarles nula importancia, incluso hay adultos que promueven situaciones de miedo, con la intención de erradicar el miedo que el niño o niña manifiesta, sin prestar atención a que dichos laberintos del saber infantil se conservarán en la vida adulta, exteriorizando placer por reproducir el estremecimiento de miedo y el espanto que se suscitó en la infancia, en producciones de la cultura, tales como; el cine, el teatro, la lectura, entre muchas más (Jacobo,et.al. 2020).

 

El acto violento tiene el carácter de ser un encuentro entre aquello de lo cual no podemos tolerar, que se vuelve insoportable y que se puede volcar al cuerpo propio o al del otro y por otro lado la colisión de lo imaginario, ese acto que produce la ilusión de dirigirlo al objeto en conflicto, produciendo una ruptura del espacio intersubjetivo.

 

Como podemos ver, estos actos violentos, voluntarios o invountarios, en un contexto, en este caso escolar, impide que este ambito represente un espacio seguro en el cual los niños puedan desempeñarse de forma libre y esto se ha repetido, lamentablemente desde los inicios de la educación formal y para muestra la consigna jesuita que reza, “la letra con sangre entra” y que fue un oráculo que estuvo vigente durante todo el virreinato y el México decimonónico. Padres y maestros aceptaban que el conocimiento se adquiría con dolor. Ante esta idea, escritores como José Joaquín Fernández de Lizardi denunciaron los abusos cometidos por los mentores en el aula (Vega, 2023).

 

Probablemente fue a causa de las denuncias expuestas públicamente que el primer reglamento de la Compañía Lancasteriana de México, redactado en 1822, ya normara los castigos y, aunque los consideraba necesarios para mantener el buen orden y la disciplina en clase, también reconocía los perjuicios que podían generar, por lo que prohibía los azotes y facultaba al maestro para el arrodillamiento del alumno que cometiera cualquier falta, o algún otro método que se juzgase conveniente, siempre y cuando no fuera “infamante” (Vega, Op. cit).

 

Es evidente que, aunque hubo reglamentaciones y decretos que prohibieron el empleo de los castigos físicos a los alumnos, las denuncias hechas ante las autoridades muestran que estos siguieron siendo un ejercicio cotidiano, con consecuencias extremas como la muerte de un menor; otras en que, aunque no hubo golpes, se deduce el acoso (sexual) a alumnas, y algunas otras que no pasaron del maltrato físico y posiblemente hasta verbal. El caso es que el abuso de los preceptores siguió siendo una constante durante todo el siglo XIX y XX.

 

Es en este momento que me detengo a explicar el porque de este tema. Todo surge a petición del Dr. Tonatiuh Ramírez en la clase de Calidad Ambiental de la Maestría de Educación Ambiental, de hacer un ejercicio de reflexión sobre nuestra experiencia del miedo que alguna vez sentimos en nuestro historial académico, a lo cual, el caso que me llegó a la memoria, fue cuando estando yo en tercer grado de primaria, el profesor después de salir por un momento del salón, y al regresar encontró a dos compañeritos trenzados en una gresca y lejos de mediar el conflicto de manera razonada, el maestro los tomó por la nuca y chocó sus cabeza, lo que realmente me causo mucho miedo, sin embargo esas y otros tipos de prácticas “correctivas” eran comunes en esos tiempos, quizas desde una distorcionada prerrogativa de los profesores. Esta remembranza me hizo querer indagar más sobre esas prácticas de enseñanza y su evolución hasta estos días y tratar de relacionarlo con la Educación Ambiental.

 

La Maestría en Educación Ambiental que se imparte en la Unidad 095 de la UPN es bajo una visión un campo de conocimiento critico y holistico, en este sentido trata de deconstruir la conceptualización del medio ambiente desde multiples dimensiones, en este sentido la critica y el análisis va más allá de solo visualizar el actuar del docente o del alumno en términos de la violencia y el miedo, por lo que desde mi perspectiva lo observo más desde el contexto de la racionalidad instrumental que, desde los poderes hegemónicos nos han dictado a los docentes para formar ciudadanos orientados a la obediencia, dándole un falso y peligroso poder a los docentes, reestructurado cada cierto tiempo a través de los planes y programas de estudio siempre orientado a los intereses del capital mundial, y que los docentes en la mayoría de los casos no se detiene a analizar y criticar, terminado ahora en ser solo facilitadores de información, psicológos, terapeutas o vigilantes de los estudiantes, lo cual termina siendo violencia también, algo así como una extensión de la teoría del shock a la que hace referencia Naomi Klein.

 

Por otro lado, hoy en día, se nos dice a los educadores que debemos promover las emociones positivas lo que implica mejorar el clima escolar, para esto cada docente debe ser un motivador de las mismas y debe ser el responsable de gestionar los climas y las emociones en el aula. Tanto los y las docentes como los niños y las niñas deben aprender a gestionar sus emociones acudiendo a dos operaciones centrales: la autoregulación y el autoconocimiento. El objetivo será reconocer lo que sienten y calmar, apaciguar las emociones alteradas, para generar un buen clima escolar, donde el rendimiento pueda ser mayor y más productivo. De este modo, las emociones negativas son acalladas, en lugar de explorarse o buscar comprender por qué se originan. Desde esta perspectiva se busca la gestión de las emociones en tanto ello representa un medio muy eficiente para el control psicopolítico del individuo (Naidorf, & Cuschnir. 2019).

 

Bajo esta premisa, me surge la pregunta ¿y la tarea de los padres dónde queda?, hago esta pregunta porque en esta temática del miedo en la escuela, se han sucitado en días recientes, dos casos muy graves de violencia y miedo, uno de ellos, quizas el más sonado, es el del chico que lamentablemente pierde la vida en el CCH Sur a manos de otro estudiante, el otro, en el CECyT 4 en dónde un alumno intentó suicidarse al quererse arrojar al vacio desde un cuarto piso de un edificio, lo cual sin duda, origino en algunos casos miedo, en otros pánico y terror, y lamentablemente en otros -los menos por fortuna- risas y burlas. Cabe señalar que para este último se manejó la versión que la causa era el posible divorsio de los padres, la versión de las redes sociales; la alta carga académica fue insportable para él. Esto es solo un reflejo de carencia de atención de los tutores que hoy piensan que esa tarea es exclusiva de las instituciones educativas.

 

Ante estos escenarios que rompen con la intención de crear un ambiente de calidad y seguridad en los centros educativos, el docente parece indefenso y más si se atiende a multiples grupos, todos ellos numerosos, que bajo la presión de cumplir con los estandares de la demanda del capitalismo global, se obliga a las instituciones educativas a ampliar su matricula estudiantil y que como cualquier industria se debe ir aumentado la productividad de egresados sin importar mucho su calidad de aprendizaje.

 

Como lo dice Naidorf, & Cuschnir (2019), las tensiones existentes o la grieta que enfrenta el campo pedagógico se encuentra fuertemente influenciada, por el campo político, económico y cultural. En tiempos donde la formación del ciudadano se desdibuja para formar al sujeto emprendedor, las pedagogías críticas deben procurar problematizar las recetas educativas de moda. La tarea incomoda por que procura interrogar, intervenir y producir conocimientos contextualizado en medio de un escenario siempre en pugna por la hegemonía del campo.

 

En un contexto marcado por una policrisis -social, económica, política, cultural y ambiental-, las teorías educativas cumplen el rol de acompañar las políticas educativas - ya sea justificándolas o criticándolas -. En este sentido las ciencias de la educación interpeladas por su revisión permanente deben asumir sus responsabilidades de problematizar las nuevas tendencias que ganan terrero en la formación docente, en las respuestas a las problemáticas del aula a partir de la apelación y uso de sus herramientas contextuadas, históricamente determinadas y políticamente comprometidas (Naidorf, & Cuschnir. 2019).

 

 

Fuentes de consulta:

 

COMO MEJORAR LA CONVIVENCIA ESCOLAR ANTE LOS RETOS DE LA EDUCACIÓN EN EL SIGLO XXI María José Díaz-Aguado http://mariajosediaz-aguado.tk Catedrática de Psicología de la Educación, Directora del Master Programas de Intervención Psicológica en Contextos Educativos, Universidad Complutense.

 

Diccionario de la lengua española (2019). Recuperado de: https://dle.rae.es/?id=CFEFwiY https://dle.rae.es/?id=PDGS53g

 

Freud, S. (1893/1998). Estudios sobre la histeria. En Obras completas, vol. II. Buenos Aires: Amorrortu._______ (1905/1998) Primerias publicaciones psicoanalíticas. En Obras completas, vol. VII. Buenos Aires: Amorrortu.

 

Jacobo, J., Manzano, CH. y Vallejo C. 2020. MIEDO EN LA INFANCIA EN LA CULTURA VIOLENTA. Integración Académica en Psicología Volumen 8. Número 24. 2020. ISSN: 2007-5588 Página114. Facultad de Psicología, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, México.

 

Naidorf, Judith, & Cuschnir, Melisa. (2019). La grieta pedagógica: temas de educación del siglo XXI. Revista Eletrônica de Educação13(3), 813-826. Epub 01 de setembro de 2020.https://doi.org/10.14244/198271993457

 

Vega Muytoy, M. I. (2023). El castigo en las escuelas elementales del siglo XIX, ¿avance hacia la humanización o anquilosamiento?. Anuario Mexicano De Historia De La Educación3(2), 127–135. https://doi.org/10.29351/amhe.v3i2.462.

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“pálido.deluz”, año 15, número 182, "Número 182. Miedos escolares. (Noviembre, 2025)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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