No digería ninguna palabra que salía de la boca de la directora, era una sensación indescriptible para una niña, ser enfrentada por una autoridad escolar y la amiga de su hermana, todo con el fin de defender lo indefendible, una absurda mentira que se hizo más grande por prejuicios.
Quería llorar y salir corriendo de ese lugar que en ese momento sólo me causaba horror. La luz de esperanza cada vez disminuía, mi salvación no se hizo presente en ningún momento, y aunque no doblegaron mi voluntad, si quebrantaron una parte de mi espíritu, que más tarde con otras situaciones parecidas sólo generaron una fobia mayor.