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Viernes, Junio 05, 2026

La sed de conocimiento me ha acercado a espacios que no podría haber imaginado, escenarios en los que jamás me habría visualizado, personas quienes no hubiera contemplado en el trayecto de mi vida. Mi primera vista a la filosofía fue a los 15 años, en preparatoria, las clases de filosofía llamaban mi atención como si de un desastre natural se tratara y aún recuerdo las palabras de mi primer profesor “¿para qué sirve pensar?” una pregunta que en su momento resultó banal que, aunque sin prestarle tanta atención, pudo cambiar mi paradigma.

Me encontraba decidiendo “¿cuál sería mi formación ideal?” si dejarme llevar por las ciencias sociales o elegir la comodidad económica, me terminé decantando por el área de la salud, que, si bien no era de mi total agrado, tenía la idea de sacarle provecho. En mi estadía en mi “carrera ideal” me encontré con un grupo de alumnos estudiantes de filosofía, quienes me animaron a seguir un camino que yo misma no había descubierto, pues la filosofía entró a mi vida y ocupó espacio en mi mente y en mi corazón, me enamoré de la idea de cuestionar lo incuestionable, de los horizontes de la mente, de las letras, de las interpretaciones, de un potencial que estaba a punto de explotar.

Las visitas a las clases de Filosofía comenzaron a ser habituales; ya tenía en mente que quería dedicarle todo el tiempo, pero no tenía aun un enfoque claro, no tenía un sentido fijo y abundaba el pensamiento de incertidumbre e indecisión, no sabía que me podía deparar la vida si elegía lo que mi consciencia pedía.

Fue un profesor en particular, quien me introdujo de lleno en el pensamiento filosófico y posterior, a la Pedagogía, pues la forma tan peculiar de enseñarme y de alentarme a elegir lo que mi alma quería en realidad, hizo que formara una proyección en donde me atrapó la imagen de ejercer la docencia y el pensar que podría cambiar la mirada preestablecida de la sociedad ante las ciencias sociales, ya no se volvía tan lejana.

El proyecto de vida cambió y con ello, la universidad, mi llegada a la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) fue el comienzo del despertar de mi pasión por la educación y mi constante intento de relacionar la pedagogía con la filosofía que, desde mi base formativa en pensamiento filosófico, tiene más peso del que se podría considerar, un objeto que no se enseña, pero que si se le dedica el tiempo suficiente, se descubre un mundo de posibilidades, miradas distintas, espacios inimaginables y esto despertó mi interés, despertó mi ser. Comencé a estudiar filosofía de manera extracurricular: seminarios, diplomados, cursos, talleres, era inevitable relacionar mis clases con mi carrera, puesto que tocaba temas filosóficos que terminaban siendo conversación en mis materias de Pedagogía, descubriendo que tiene mucha más influencia de la que se puede contemplar, no se enseña a filosofar en pedagogía, pero si se enseña pedagogía en filosofía, al final ¿para qué sirve pensar?

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“pálido.deluz”, año 15, número 189, "Número 189. Educación, Cambio climático y Mundial de fútbol: El Delgado compromiso pedagógico y social", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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