Fui invitada a participar en el Quinto Conversatorio sobre Cultura e Interculturalidad “Teorizando y construyendo la enseñanza-aprendizaje de la cultura y la interculturalidad en la clase de lengua extranjera, un panorama de género”, organizado por el Seminario de Lingüística Teórica y Aplicada (SELITA) del Centro de Enseñanza de Idiomas de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, UNAM. Los académicos convocados expusieron sus reflexiones en torno a cuatro puntos temáticos:
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Importancia de la enseñanza de la cultura y la interculturalidad en la clase de lengua extranjera.
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Cambios pedagógicos y metodológicos más significativos relacionados con ese tema en los cursos de idiomas.
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Aplicación de la teoría de la enseñanza de la cultura y la interculturalidad en la vida personal y cotidiana.
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Ventajas o desventajas que pueden derivar la enseñanza de la cultura y la interculturalidad desde un enfoque de género.
Me gustaría sintetizar aquí las ideas que compartí en ese evento académico en torno a un campo de estudio tan relevante para la educación en el mundo globalizado.
Debo insistir en lo que he señalado en ocasiones anteriores en este mismo espacio: la Internet, el desarrollo los medios de comunicación de masas y el empleo cada vez más extenso de las redes sociales están generando que haya cada vez más contacto entre comunidades diversas, pero no necesariamente mayor acercamiento. Abundan discursos de odio, intolerancia y discriminación, por ello se hace indispensable incorporar contenidos de cultura y de la comunicación intercultural en la educación. Las clases de lenguas extranjeras resultan el espacio idóneo para promover la reflexión intercultural y actitudes de apertura, tolerancia, empatía y comprensión hacia la otredad.
Los cambios más notorios que he observado en la enseñanza de la cultura e interculturalidad en lenguas extranjeras a lo largo de mi trayectoria docente en el primer cuarto del siglo XXI son los siguientes:
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El giro de “enseñar cultura” como contenido adicional (costumbres, fiestas, folclore) a integrarla en el propio diseño curricular, como eje transversal de la competencia comunicativa.
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La incorporación cada vez más frecuente de materiales auténticos (prensa, series, redes, podcasts) y tareas comunicativas reales (proyectos, debates, simulaciones) que ponen al estudiante frente a diversidad cultural y a conflictos de interpretación.
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El fortalecimiento del enfoque intercultural, donde se trabaja la capacidad de comparar, cuestionar estereotipos y negociar significados entre culturas, no solo “aprender” la cultura del otro.
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La insistencia en propuestas de una educación inclusiva, que considere la diversidad como riqueza y permita la integración de personas con distintas identidades de género, con condiciones de neurodivergencia o necesidades especiales y de grupos minoritarios por razón de origen étnico, religión o extracción social, en un marco de respeto, dignidad y valorización.
Estas tendencias son significativas porque subrayan que el aprendizaje de la lengua no debe quedar reducido a ejercicios descontextualizados, sino que ayude a desarrollar empatía, toma de perspectiva y habilidades para interactuar en contextos multiculturales reales.
Para que tenga efectos significativos en la vida personal del alumno, la enseñanza de la cultura e interculturalidad no debe limitarse a la teoría, debe combinarse con propuestas de “tareas del mundo real” (entrevistas, proyectos comunitarios, redes colaborativas) y espacios de auto‑reflexión (diarios, blogs, foros), de manera que el estudiante pueda transferir la curiosidad cultural, la sensibilidad a los matices del lenguaje y la capacidad de escuchar sin juzgar directamente a sus relaciones cotidianas (amistades, redes sociales, viajes, trabajo remoto con hablantes extranjeros). La reflexión y práctica de la comunicación intercultural debe ser incorporada de manera sistemática en los contenidos de estudio, no sólo a través de la teoría, sino mediante el análisis de experiencias reales e incidentes interculturales de los propios aprendientes.
Un aspecto particularmente sensible en el desarrollo de la competencia para la comunicación intercultural se relaciona con el enfoque de género, lo cual presenta algunos beneficios y también dificultades.
Aplicar la enseñanza de la cultura e interculturalidad desde un enfoque de género supone dos ventajas:
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Permite visibilizar cómo las normas culturales y lingüísticas construyen y reproducen roles de género, lo que ayuda a desmontar estereotipos y a promover igualdad.
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Favorece un aula más inclusiva y crítica, donde se discuten discursos de género en los textos, imágenes publicitarias, canciones o situaciones filmadas, y se cuestiona quien habla, quien escucha y quién queda ausente.
Sin embargo, también conlleva algunas desventajas:
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Puede generar resistencia docente o estudiantil si el tema se vive como tabú, moralizador o ajeno al “objetivo” del idioma.
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Requiere formación específica del profesorado para manejar debates intensos, diferencias generacionales y contextos culturales donde ciertas ideas de género son muy rígidas o protegidas.
Me parece que una enseñanza intercultural que no incorpora la mirada de género termina reproduciendo sesgos e invisibilidades que frenan una verdadera convivencia intercultural en un marco de paz, equidad y justicia social. La formación de la competencia para comunicación intercultural tendría que ser uno de los ejes transversales principales de la educación para las nuevas generaciones de la sociedad global.
Fuentes para profundizar:
https://interlinco-formacion.com/el-papel-de-la-cultura-en-el-aprendizaje-de-idiomas/
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