Por su abundancia, el abuso del discurso oral se convierte, cada vez más, en un problema social, educativo e intelectual, pues la “democratización” de los medios digitales permite que todo el mundo hable al mismo tiempo, aunque el 90 por ciento ( estudiado y comprobado por expertos) sólo sea ruido. Sucede también con la palabra escrita. Cualquiera publica un libro: lo único que necesita es éxito en la paparrucha digital, pues, por muy tonto que sea un internauta puede conseguir aprobación masiva (por millones) de quienes se identifican con lo que haya echado o dejado salir. (…)
Soñábamos con la democratización digital, para dar voz a quienes no la tenían, y lo que se “democratizó” es el rollo, la cháchara, la ocurrencia, la ignorancia que, por lo demás, son las formas mayormente vistas y escuchadas.
Juan Domingo Argüelles
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