I
El profesor Labastida, como último recurso para que sus alumnos aprendan o por lo menos memoricen alguna información básica, les aplica un examen oral al final del semestre. Imparte el Seminario de Pedagogías y Pensamientos contemporáneos.
En su cubículo, muy propio, el maestro César recibe por equipos a sus estudiantes e inicia formalmente explicando que enunciará tres preguntas sobre el seminario.
─A ver, María ¿Quién es el pedagogo, más influyente en Brasil y por qué?
─Ay profe, espéreme tantito, mmm… es ¿Freire? ─El profesor asiente con la cabeza y la alumna continúa. ─Ah sí, es Paulo Freire y pienso que es porque propone una práctica pedagógica más ligada a la realidades y comunidades, y desde el diálogo y la transformación…
─¿Qué leíste de Paulo Freire, María?
─Ay profe… Sí leí un libro, pero no me acuerdo mucho… espéreme, ahorita le digo… Era de algo de opresión…
─A ver Lucía, ¿tú recuerdas el libro que leyeron? Ayúdale a tu compañera.
─¡Profe! No ve que estamos nerviosos… Pero recuerdo que era Pedagogía del oprimido.
─Así es, un ensayo clásico de Paulo Freire. María, ya te ayudó Lucía, ahora cuéntanos de qué va la Pedagogía del oprimido.
─Ay profe, ya déjeme, mejor sígale preguntando a Lucía.
─No, María, tú dime de qué va la Pedagogía del oprimido.
─Espéreme profe… estoy tratando de recordar. Mientras ¿me pueden ayudar Lucía o Jesús, sí profe, ándele?
─Que no, María, responde tú…
─Profe… ─interviene Jesús. ─¿Qué, no hablaba sobre la educación bancaria?
─Sí. A ver, Jesús, ¿qué decía Paulo Freire sobre esa educación?
─Aaah, pues que era una educación mecánica, memorística, como en un banco: los conocimientos los depositaba el profesor en los alumnos y ellos tenían que devolver los mismos conocimientos…
─¿Y tienes alguna reflexión o crítica con respecto a esa idea? ─Interpela el maestro Labastida.
─No profe, ninguna.
─Bueno, Jesús, ahora dime otro pensador que, aunque no fue pedagogo, fue un epistemólogo e investigador del desarrollo de la inteligencia infantil y tuvo y ha tenido mucha influencia en la pedagogía moderna.
Los estudiantes se miran entre sí con ojos de desesperación, acompañados de un silencio incómodo.
─¿Piaget, profe? ─Susurra Jesús, temeroso.
─¡Sí, caray! ─afirma César Labastida con un dejo de amargura. ─¿Y qué nacionalidad tenía Piaget?
─¿Era Brasileño, profe?
─Mira Jesús… ─dijo el maestro Labastida visiblemente descompuesto. ─Si repites esa respuesta en tu examen profesional, impido que te titules eternamente.
─Perdón, perdón, profe, pero es por el Mundial de futbol. Ayer volvieron a llamar a Neymar a la selección de Brasil, por eso me equivoqué.
II
César Labastida Esqueda está en la sala de maestros, tomándose un café con un pan dulce y ojeando un libro. Está en la mesa del fondo que suelen llamar “el panal” porque se llena de zánganos. Desde ahí, alcanza a escuchar la conversación de una maestra que, además de impartir clase en la universidad, por la mañana labora en una primaria.
─Ahora resulta que, por ley, voy a tener que aprobar a todos los estudiantes. Así nada más sin estrategia educativa remedial, ni nada, porque a alguien se le ocurrió, que se ve que nunca ha dado clase. Esto va a lastimar los dos extremos de la curva de aprovechamiento de un salón de clase: los flojos, menos trabajarán o asistirán a la escuela y los de mejores promedios pueden bajar su dinámica. Así todos se vuelven zánganos.
La maestra gira automáticamente su cabeza hacia dónde está César en la mesa “colmena” y expresa, disculpándose:
─Sin ofender, eh profe, estoy hablando de la política pública, no de ustedes.
III
César vuelve a optar por no escuchar a nadie, sino a su conciencia.
Primero el Secretario de Educación Pública federal decreta que las clases se terminan un mes antes. Son tres los argumentos (de no creerse): el Mundial, las olas de calor por el cambio climático y que los alumnos el último mes, prácticamente no tienen clase, porque sus maestros están en trabajo administrativo y ya entregaron calificaciones.
Lejos de lo que se podría pensar, la propuesta del secretario les pareció una barbaridad a los maestros. Los metería en una dinámica de evaluar y concluir en forma intensa. También la sociedad civil, los medios y las redes sociales se burlaron hasta que se cansaron de los tres argumentos; que en realidad ocultaban el miedo a las movilizaciones de los profesores proyectadas para esos días del mundial.
El profesor César se enteró, pocos días después, que los secretarios de educación de los Estados de la República, en una sesión maratónica echaron para atrás el recién aprobado nuevo calendario.
De ese modo, el maestro Labastida se empeña en terminar su año escolar y semestre con la mayor dignidad posible, haciendo oídos sordos de cualquier forma de comunicado, red social, meme, boletín whatsapp o correo electrónico institucional. Y después, sólo después de eso, ver el Mundial y llenar su álbum de estampitas de jugadores.
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