Nota y traducción Gabriel Humberto García Ayala
No te rindas fácilmente a esa buena noche,/
La vejez debería arder y delirar al final del día;/
Enfurece, enfurece contra la muerte de la luz./
Y tú, padre mío, allí en la triste altura,/
maldíceme, bendíceme ahora con tus lágrimas feroces, te lo ruego./
No te rindas fácilmente ante la buena noche./
Lucha, lucha contra la extinción de la luz.
Dylan Thomas
Nota. Existen tantos y tan buenos escritores que es difícil elegir quién y cuál de sus libros leer. A ese dilema me enfrenté al conocer la personalidad y la obra de Antonio Lobo Antunes. Decidí leer uno de sus libros titulado No entres tan de prisa en esa noche oscura. Llamó mi atención, en primer lugar porque a novela se refiere a un padre moribundo. En segundo porque el el título lo tomó casi íntegramente de un poema de Dylan Thomas: “No te rindas fácilmente a esa buena noche”, escrito en 1951, en el que anima a su padre moribundo a luchar contra la muerte. Escrito como una villanela, el poema es una apasionada súplica para disfrutar la vida al máximo y no rendirse a la muerte sin resistencia. El poema es particularmente conocido por su verso “¡Lucha, lucha contra la extinción de la luz¡”
El ángel de la muerte está omnipresente en la obra de Lobo Antunes, quien lidió con este ángel, también conocido como Samael, desde el inicio de su carrera literaria. Esta novela también está dedicada a una tanatología condensada. Aquí, la muerte real, o al menos imaginada, del patriarca de la familia es un recurso para la reconstrucción de una crónica familiar patriarcal. La narradora, María Clara, crea una biografía completamente nueva y fantástica para su padre moribundo, transformando al mediocre traficante de armas en una figura envuelta en misterio. Este autoengaño de María Clara, fabricado a partir de los objetos descoloridos del ático de la villa familiar en Estoril, no es solo una obra psicológica, sino que también es un viaje interior de María Clara, y al mismo tiempo representa una arqueología del inconsciente colectivo de Portugal.
La escena final de la novela, que muestra a María Clara frente al televisor, tiene todas las características de la poesía oculta: “Una chica me sonríe desde la pantalla. Por desgracia, la sonrisa es fugaz. Quizás ni siquiera fue una sonrisa. Quizás soy yo quien necesita una sonrisa. Hay momentos en la vida en que necesitamos desesperadamente una sonrisa. Pero en vez de eso, me toco con el dedo en el cristal”. La crónica familiar de María Clara, y por ende su autodescubrimiento, termina con la constatación de que todos permanecemos muy lejos de nosotros mismos.
Le Figaro
Por Thierry Clermont
El escritor y psiquiatra portugués fue considerado como una de las grandes voces de la narrativa contemporánea en lengua portuguesa.
Antonio Lobo Antunes nació en 1942 en el barrio de Benfica, en Lisboa, en el seno de una familia acomodada lisboeta, Antonio Lobo Antunes presenció los horrores de la guerra colonial en Angola a principios de la década de 1970, donde fue enviado como médico militar durante 27 meses. Tras regresar a la vida civil en 1973, abrió una consulta psiquiátrica en un hospital de Lisboa y alcanzó el éxito con su segunda novela, En el culo del mundo, publicada en 1979, un monólogo de un hombre que regresa de la guerra y sus horrores. Esta experiencia lo marcó profundamente y sirvió de inspiración para gran parte de su obra hasta el final. Su novela Hasta que las piedras se vuelvan más ligeras que el agua, traducida al francés en 2019 por Christian Bourgois, su editor francés de toda la vida, da fe de ello. A partir de mediados de la década de 1980 se dedicó exclusivamente a la escritura, combinando ficción, crónicas, ensayos y poesía (véase su colección No entres tan de prisa en esa noche oscura) en tonos barrocos.
En 2019, entrevistado por Bruno Corty, le confesó a Le Figaro Littéraire: “A los trece años dije a mis padres que quería escribir. Pero solo escribía tonterías. Entre entonces y los treinta, todo lo que escribí era malo. Era consciente de que no tenía talento. Mis padres se impacientaban: “Siempre estás escribiendo. ¿Por qué no publicas nada?” Encontrar mi camino me llevó años”. Y este camino incipiente estuvo marcado por sus primeras lecturas decisivas: las de Blaise Cendrars, el trotamundos amante de Brasil, Céline (Muerte a crédito), Proust y Apollinaire. En la misma entrevista, añadió, no sin humor: “Soy un idiota iluso. No pasa gran cosa en mis libros. No es un problema. Lo importante es escribir. Y la humildad”. El universo de sus personajes, incluidos los secundarios, revela con ironía y a veces sarcasmo los conflictos internos de una sociedad portuguesa debilitada por casi medio siglo de dictadura y la desilusión que siguió a la llegada de la democracia en 1974 con la Revolución de los Claveles, especialmente en Manual de inquisidores (1996). Autor de una treintena de novelas y varias recopilaciones de columnas periodísticas, recibió el Premio Camões en 2007, el galardón literario más prestigioso en lengua portuguesa. Lamentablemente, a pesar de haber sido considerado durante años como uno de los principales candidatos al Premio Nobel de Literatura, Lobo Antunes no recibió este honor, una pérdida que solo cabe lamentar.
En su última novela traducida al francés, La otra orilla del mar, un gran libro de memorias, nos sumergió de nuevo en el infierno angoleño, no en la década de 1970 sino a principios de la de 1960, cuando estalló una revuelta en Baixa do Cassange entre los trabajadores negros de la empresa Cotonang, una rebelión motivada por sus condiciones laborales y un preludio de la larga lucha por la independencia.
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