Como buen mexicano nacido en un barrio popular, jugué al futbol en las calles durante mi niñez y parte de mi adolescencia. Siempre debías tener una identidad, no podías ser neutro, tenías que ser aficionado de un equipo, en mi caso, fue y sigue siendo, el Atlante, justo, el denominado equipo del pueblo, con más penurias que hazañas deportivas, pero con una historia plena de eventos memorables desde nuestra particular y sufrida óptica. No voy a abundar en ello, pues no es el motivo del texto, sino de hablar, un poco, acerca del Mundial que está en puerta y del cual México es coanfitrión junto a Estados Unidos y Canadá.
Pensar que solo México podrá ´presumir´ de ser el único país que tendrá la posibilidad de organizar un tercer mundial, aunque este sea en calidad de coanfitrión, y de que Estados Unidos es quien se lleva la mayor parte de los juegos en su territorio, es para ponernos a pensar un poco del porqué de esa situación.
¿Qué determina que México y no Brasil o Alemania, por ejemplo, tengan ese ´privilegio´? No lo sé, en el fondo, pero puedo atinar a dar algunas hipótesis y, de ahí, tratar de engarzarlas con mi propia experiencia como aficionado del futbol.
El deporte más importante en el mundo es, sin duda, el futbol: en México es común ver a los aficionados enfrascados en debates, más con el corazón que con argumentos, acerca de por qué su equipo es más importante, de cuáles deberían ser los jugadores convocados para representarnos en la selección, etcétera. Pero lo mismo y quizá con más pasión – dije quizá, que conste- ocurre en Brasil y Argentina que, además, ostentan varios títulos en este deporte de las multitudes. Así que no somos coanfitriones solo por la pasión que genera.
Alguna vez, Azcárraga Milmo, “El Tigre”, dijo, palabras más, palabras menos, que “El futbol era un deporte hecho por ricos para diversión de los jodidos”. Es un exceso, si bien lo define de pies a cabeza: hay empresarios como en todo negocio, incluidos los deportivos, quienes ven la rentabilidad y que las millonarias cifras que aportan se vean correspondidas con ganancias exorbitantes. México, no ha figurado de manera destacada en los mundiales, pero ha sido gestor de varios eventos deportivos internacionales (Panamericanos, Olimpiada, Fórmula 1): hay buen ojo, pues, en cuanto al futbol, y posicionamiento político y económico dentro de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA). En esta hipótesis podría estar la clave para entender el asunto.
Afirmo que es un exceso decir que es un deporte para jodidos, porque el futbol es un fenómeno universal en el que gente de diversas clases sociales se divierten viéndolo y, por momentos, se despojan de su racionalidad, para dar rienda suelta a sus pasiones.
Así, pues, el deporte es negocio, es pasión y no por ello vamos a dejar de verlo, porque no toda la vida debe medirse con los raseros de la racionalidad (este es un exceso mío, que me define, también, ni modo), aunque eso no quita que podamos entender lo que hay detrás de un balón pateado por 20 sujetos y dos que intentan que la pelota no entre en su portería. Para quienes no gustan del futbol o del deporte en general, esto es un absurdo habiendo tantas cosas importantes en las que ocuparse, pero, entre otras cosas, aparte de sapiens, animales políticos o seres regidos por códigos éticos, también somos homo ludens, animales u hombres que juegan, según la denominación de Huizinga. Vaya, hasta nuestros antepasados prehispánicos practicaban el juego de pelota, con todo el ritual que ello implicaba.
La humanidad ha hecho la guerra, construyó civilizaciones, creó la ciencia, la filosofía, la literatura, las religiones, la política…y, también, ha jugado libremente o de manera organizada: claro, el negocio apareció después cuando algunos astutos se dieron cuenta de lo que podían ganar con esa actividad tan humana. Y en ese trance, muchos años adelante, también surgieron la radio y, de manera destacada, la televisión, y México tiene una gran empresa (ahora son dos, más las televisoras por cable) que ganan dinero a lo bestia con la organización de los eventos deportivos, y si se trata del futbol, con mayor razón pues es el deporte que más audiencia y dinero genera. ¨Bisnes’ son ‘bisnes’.
Regresando, un poco, a mi historia con los mundiales en México, recuerdo el de 1970 cuando solo tenía 13 años y, simplemente, me pegaba a la televisión para escuchar a Fernando Marcos, Ángel Fernández y otros periodistas narrar las hazañas del Kalimán Guzmán, el Halcón Peña, Calderón, Fragoso, Basaguren, Borja, el Gansito Padilla, Valdivia, el Campeón Hernández y muchos más. Al final, Italia nos sacó del posible quinto partido al derrotar a la selección con un contundente 4 .- 1 en la otrora Bombonera de Toluca. Se acabó México, pero siguió la fiebre con Luigi Riva, Facheti, Tostao, Rivelino y por supuesto, O Rei Pelé. Un Brasil de ensueño se coronó ante Italia con otro inobjetable 4 - 1 en el Estadio Azteca.
En el 86, la selección dirigida por Bora Milutinovich, fue sacada en Monterrey en series de penaltis. Era un buen cuadro y fue un buen Mundial, pero mis recuerdos se quedan más con el México 70, tal vez porque estaba más chavo y me apasionaba, más. En el Mexico 86 pude asistir al Francia – Italia en el Estadio de la Ciudad Universitaria. El campeón, a la postre fue Argentina, otra vez en el Estadio Azteca, al derrotar a Alemania, pero el recuerdo que permanece en la memoria colectiva fue la semifinal ante Inglaterra, con dos goles de Maradona geniales: uno derivado de una gran jugada en la que barrió a la defensa inglesa y otro, también genial, aunque tramposo, con la famosa mano de Dios, ocultando su mano en la cabeza. Hay que recordar que antes no había el famoso VAR (la revisión en video de jugadas dudosas), por lo que hoy se sancionan las jugadas de manera más justa, aunque algo de magia se pudo haber perdido con ese cambio. ¿Era menos ético antes por esa no claridad en la marcación de ciertas jugadas? Sin duda, pero, más allá de consideraciones éticas, si vemos el puro deporte en sí, tal como fue concebido, puede romantizarse un poco ese pasado que se fue y del cual, la mano de Dios es un claro ejemplo (perdón, una vez más, por el exceso y, en este caso, la incorreción).
Al principio dije dos cosas con las que quiero cerrar este ejercicio existencial de parte de mi vida con el futbol, muy apretado, cierto, pero muy personal:
- Cuando Azcárraga dijo que era un deporte para jodidos, seguro no imaginó este 2026 en el cual los precios para ver un partido del mundial los podrán pagar, en términos generales, no necesariamente los jodidos (qué pena porque la mayoría, los que ven todos los juegos y asisten a ver al Cruz Azul, los Pumas, las Chivas, el América y demás, son gente de a pie que canaliza muchas de sus penurias a través del futbol), sino aquellos a quienes no les preocupe pagar cantidades de miles de pesos por juegos que, incluso, puedan terminar cero – cero. ‘Bisnes’ son ‘bisnes’.
- La historia de la selección mexicana es similar a la de mi Atlante en las ligas mexicanas de primera y segunda división: han sido más las penurias que las conquistas, pero, en ambos casos, cuando se conquista algo, por menor que sea nos despojamos de la pesada racionalidad y nos invade la euforia colectiva. Homo ludens, también somos, ¿qué le vamos a hacer?
Que disfruten el mundial y, aunque no les guste el futbol o los deportes, de una u otra manera no podrán escapar a la fiebre colectiva, aunque sea para criticar a un pueblo y un mundo que por esos momentos (y muchos otros también) se enajenan y dejan de atender los asuntos importantes. Ni hablar, así es la vida.
Posdata: ojalá, ahora sí, alcancemos el quinto partido y si se puede más, mucho mejor. Soñar no cuesta nada y la vida, también, puede ser soportable si no dejamos de hacerlo.
Segunda posdata: Veremos qué pasa con los legítimos derechos de los maestros que amenazan con boicotear el Mundial si no se resuelven sus demandas, y ese no es un exceso, es una realidad que no podemos soslayar.
Salud.
(*) “Mexico 86: El mundo unido por un balón”, era un eslogan publicitario del mundial en México
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