Agradezco la invitación a presentar este libro a Rafael Tonatiuh y Armando, y lo agradezco porque existen infinitas razones para celebrarlo.
Lo primero es porque hoy se presenta: La vejez en el cine. Representaciones sociales en filmes clásicos y contemporáneos. Un nuevo libro, un nuevo texto y eso es motivo de gran satisfacción porque con su aparición se acrecienta la cultura y se documenta lo que somos y lo que buscamos ser. Es un libro que expresa y comparte nuestras múltiples formas de percibir el mundo, de su complejidad y de su necesidad impostergable de transformarlo… de hacerlo un lugar vivible y disfrutable para todas y todos nosotros, por supuesto, incluidas las personas de una edad mayor.
Hablaré primero del libro como concepto y después del contenido de la obra, ya que el libro es una invención que la cultura humana ha desarrollado a lo largo de muchos siglos y que apenas ha experimentado cambio alguno. Irene Vallejo en su novela El infinito en un junto relata como en la antigüedad existían personas que viajan a los diferentes rincones del planeta para conseguir lo escrito en los pergaminos y conservarlo como parte de la historia y de la cultura de los pueblos, por eso el libro es de un valor imprescindible para todas y todos nosotros. O la obra de Debora Harkness que está centrada en la búsqueda de un solo libro: Ashmole 782, texto medieval buscado por los humanos, las brujas, los vampiros y los demonios, y que en sus páginas encierra el origen de cada una de ellas y describe la forma en que todos tenemos un poco de sangre de cada una de estas especies.
Por supuesto lo aplaudo además por sus propios autores Rafael Tonatiuh y Armando. Que, ante todo, son docentes natos, comprometidos educadores, cinéfilos, lectores, espectadores, excelentes conversadores y sinceros amigos. Gracias por su amistad y enseñanzas.
Festejo también que se edite otro libro sobre cuestiones sociales y de manera específica sobre el tema de la vejez, que ha sido, me atrevo a pensar, un tópico que ha ocupado en todas y todos nosotros, muchas horas de sueño, de diálogo y de reflexión, en las que nos preguntamos: ¿Cómo seré yo cuando llegue a una edad madura? ¿Cómo seré de viejo?, algunas de las respuestas no nos gustan por lo lapidarias que son y porque nos relevan un futuro incierto y poco esperanzador.
Pero también hay otra faceta de la vejez y este libro nos acerca a ella, nos alienta a pensar de forma distinta y materializa a la persona en la vejez como un ser con experiencias, paciente y pausada, con sonrisas frescas, que recuerda y disfruta por el solo hecho de recordar, que ha dejado un legado y que goza su momento y el tiempo que pasa con los demás, que busca espacios para la soledad y para el íntimo pensamiento, que tiene más presente su presente porque sabe que las horas acaban.
Además, reitero su celebración porque la edición de este libro se instala en una incesante preocupación personal que está vinculada a la necesidad impostergable de documentar las cosas; de documentar nuestra historia y nuestras tramas de vida, lo que proyectamos, sentimos y pensamos sobre la sociedad, sobre sobre nuestras madres y padres y sobre nuestros ancianos, y qué mejor, a través de la aparición de un nuevo libro. Enhorabuena para mis colegas y amigos Rafael y Armando quienes plasmaron sus ideas y reflexiones en este hecho social, las cuales le dieron escenario a un incesante debate sobre un tema de actualidad y que en algunas ocasiones ha sido depositado en el cajón de aquello que ocultamos y reprimimos: la vejez.
En la lectura del libro, se devela el interés de los autores por ofrecer un texto cálido, actual, controvertido y reflexivo a la vez, que fue escrito, cómo lo señala Rafael Tonatiuh en su prefacio, a partir de su recuerdo de “aprender y amar el cine con sus padres” y donde se recogen múltiples experiencias compartidas que “deben ser y deberían seguir siendo” en sus palabras, un capital cultural para todas las condiciones sociales y en concreto, agrego yo, para todos los estudiantes universitarios.
Así, el texto manifiesta otra de sus grandes virtudes, ser un documento que, ante todo, ofrece una invitación al lector para direccionar pensamientos, prácticas e imaginarios hacia sitios distintos, porque tal como se afirma en el libro, la llegada a la adultez de sus autores, fue el pre-texto para dar un giro hacia este tema, para comenzar una travesía viendo películas que tomaban la pérdida de la memoria en los ancianos como asunto central, pero que a partir de ahí, descubrieron la enorme diversidad de filmes que abordaban el tema desde diferentes miradas, desde distintos vértices… desde otras realidades.
En los seis capítulos del libro, los autores nos conducen paso a paso al análisis de temas como el rol de los ancianos en la actualidad; a la pobreza en la vejez; a los viejos como centro del núcleo familiar; a la convicción de los ancianos; al Alzheimer, y al amor en la pareja siendo viejos. Esto se complementa con un epílogo “desde dentro” y una reflexión final sobre la tercera edad en el cine, lo cual hace del libro un texto de fácil lectura y ameno en su revisión.
En una entrevista a Santiago Roncagiolo, advertía que cuando terminas de leer un libro, y en este caso también, de ver una película, un documental, te has convertido en otra persona, debes ser otro individuo sentenciaba el escritor peruano, y lo eres porque has vivido una experiencia que no tenías, que jamás habías pensado, que en tus sentidos se había transmitido, por eso eres y debes ser diferente. Las palabras de Roncagiolo las experimenté al momento de concluir la lectura de la vejez en el cine.
Por lo anterior, juzgo indispensable la lectura y revisión de La vez en el cine, para quienes estamos inmersos dentro de los procesos educativos y no lo hago por un simple cumplido a la invitación a presentarlo por parte de mis amigos, sino por el convencimiento de que su contenido puede orientar la reflexión de nuevas prácticas e investigaciones pedagógicas.
Por ahí he escuchado que una presentación de un libro, no es presentación, sino debe ser una férrea crítica al mismo, aún no tengo una opinión al respecto, porque más bien me interesa que lo lean, que lo critiquen, que lo disfruten, y que puedan obtener de él, otra referencia, otra película, que nos dé la posibilidad de abordar con mayores herramientas teóricas y metodológicas, esta gran empresa que hoy en día, como lo he reiterado, se ha vuelto uno de los aspectos ineludibles para las instituciones de educación superior: lo humano en todas sus dimensiones.
Cierro mi intervención con las palabras de Antonio Banderas al momento de entregarle un galardón cinematográfico, quien, al recordar al Quijote de la Mancha, decía:
“Como no estáis experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen dificultad, te parecen imposibles… confía… en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.
Muchas gracias ¡
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