Iba a empezar diciendo que no hay gran diferencia entre algunos corridos tumbados y el himno nacional, pero el Dr. Tonatiuh Ramírez Beltrán, un educador de a de veras, me hizo ver que es una exageración conceptual, porque sí hay diferencia. Y es que claro, no es lo mismo dar la vida por la Patria, aunque si analizamos a fondo no es lo que pide el himno, que morir por un perverso señor de la guerra (armado por la maquinaria bélica e imperial de Estados Unidos).
Entonces, nos enfrentamos a un no (pero sí). Mucho de la cultura mexicana y de las tradiciones que se enseñan en las escuelas son definitivamente bélicas. En la enseñanza de la historia se hace énfasis en la conquista, la Independencia, las guerras de Reforma, la guerra contra el mando espurio de Maximiliano y sus pamucenos, la Revolución, le guerra Cristera, esa en la que los menos mochos mandaron a morir a los más mochos… Esto en cuanto a los sucesos nacionales; los programas escolares están llenos de sangre y masacre en los internacionales.
Redes sociales y demás medios posmodernos de comunicación también nos llenan de sangre y enfrentamiento, desde el ejército y la guardia nacional contra narcos y criminales varios, hasta los raids periódicos de Estados Unidos contra naciones independientes, y los de algún otro actor del elenco mundial de violencia.
Lo mismo pasa con las series de televisión y las películas; en su gran mayoría (comercial) se refieren a conflictos armados con sus regueros de sangre y tripas. Los niños (jóvenes y adultos) están bombardeados (con un uso de lenguaje ad hoc) de sangre y muerte. De nada sirve, entonces que en las canciones patrióticas berreadas por millones de niños desde hace más de cien años, se modifique la letra para que, por ejemplo, en el Toque de Bandera en lugar de desgañitar un "...por tu amor morir", diga “…por tu amor vivir”.
Por otro lado, además del evidente influjo y atractivo que los grupos delincuenciales ejercen sobre la juventud, con la promesa de una vida de excesos y placeres marcados por la violencia, también del lado de los autodenominados “buenos” hay una carga guerrera bastante evidente.
Ya no solo son los clásicos viejitos expri, expan o exalgo que antes pedían mano dura al Gobierno contra revoltosos, estudiantes y comunistas, sino un montón de desquehacerados que quieren que la guardia nacional ametralle cualquier grupo sospechoso o que el ejército escupa su furia divina contra poblaciones sospechosas de algo por el mero principio de autoridad.
Otra vez vemos niños vestidos de soldados, felices abrazando soldados o montados en tanques y otros vehículos militares. Tal parece que Marte, Huitzilopochtli, Illapa, Kârttikeya, Týr y otros por el estilo están muy pendientes en las escuelas para seguir impartiendo sus clases.
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