A mi amigo Salvador Loera
Por su incansable deseo de mantener unida a la generación 81
¡Claro que te acuerdas!, era cuando avenida Hidalgo iba en sentido hacia División. Ahí donde pasaba el trolebús que iba hasta la Vicente Guerrero. No había ejes viales. Varios compañeros esperaban en la Surtidora, en donde ahora hay una Alianza o Salamandra; era una tienda enorme donde don Pancho atendía con la misma amabilidad a los niños y a los grandes. Acuérdate que una moneda de cinco pesos, con Allende de perfil, nos alcanzaba para Submarinos, Kanguros, Sugus, Certs, Motitas y Salvavidas de colores o de mantequilla. La Coca más grande era la familiar, que alcanzaba para cuatro vasos llenos, y un poco más. También acuérdate de que una tarde los voceadores de periódico anunciaron por Héroes del 47 y San Lucas lo que le había pasado a don Pancho.
Acuérdate de que, en septiembre, cada año, desfilábamos con todas las escuelas de la zona por esa avenida, hacia el centro de Coyoacán, después por Francisco Sosa hasta Santa Catarina. El Jardín Hidalgo no estaba cerrado; había una calle junto a la iglesia. Y pasábamos por la panadería América, y ahí donde ahora está la Guadalupana, estaba la tortería del Chato, donde filmaron Lagunilla, mi barrio y más allá, hacia el mercado, estaba el teatro de la delegación donde llegamos a ver a Pedro Ferriz conduciendo el premio de los 64 mil pesos.
Y que en esa misma avenida, estaba la tienda de don Lalito, que de tan bajito, teníamos que adivinar si estaba o no estaba; el peluquero que era campeón de ciclismo, la tlapalería donde siempre sonaba música clásica, el local donde reparaban las televisiones Punto Azul y Telefunken y casi al final, la papelería: Y ahí preguntábamos: “¿tiene la orografía de la república mexicana. Sin nombres, por favor. ¿Me da la hidrografía de Europa, por favor? ¿Y la de las capitales de América, de una vez, por favor? Acuérdate de que todo eso era de memoria, sabíamos las capitales de Yugoslavia, Checoslovaquia, Alemania Oriental, y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que ya ni existen, y hasta nos aprendíamos los principales ríos de China… el Hoang Ho y el… Yant Ze Kian, que hasta la 80 le puso así a sus equipos de futbol.
Claro que te acuerdas de que en el puesto de periódicos de División veíamos los periódicos El Esto o el Ovaciones que hablaban del Gato Marín, Reynoso, Willy Gómez y el Cabo Cabinho. Y que hasta vendían historietas, el Borjita o el Chivita, donde dibujaban al Centavo Muciño con cabeza de moneda. Y sabíamos que en las corcholatas de la Coca estaban las fotos de la selección nacional del Mundial de Argentina, Cuéllar, Rangel, Pilar Reyes y el Niño de Oro. Por cierto, en ese mundial, hasta Túnez nos ganó.
Por esa época, empezaron a vender más televisores a color. Por primera vez, vimos el amarillo de Brasil y el naranja de Holanda. La Pantera Rosa, Don Gato, Ultramán y el Hombre Nuclear fueron, durante muchos años, historias en blanco y negro.
Acuérdate, amigo, de que en el Excélsior de los domingos esperábamos la sección de monitos con el Príncipe Valiente, Mandrake, Roldán el Temerario y Mafalda. Y que ese gusto literario lo combinábamos con la super entretenida “literatura barata”: el Fantomas, el Kalimán y el Capulinita.
Trata de acordarte de que nos íbamos caminando al Galaxia, el Dorado 70, al Pedro Armendáriz, y que vimos cómo el capitán Brody hizo estallar al tiburón después de comerse a Quint, y cómo salíamos boxeando unos con otros después de ver la tranquiza que le dieron a Rocky, y que con escobas laser éramos Hans Solo y Luke Skywalker. Y de que, gracias a Dios, nadie se preocupaba de dónde andábamos, porque no había celulares. Y de que una gran preocupación era contar los números de los boletitos del camión a ver si teníamos la suerte de que saliera un 21.
Y a poco no te acuerdas de las estampitas para formar el poster de la Guerra de las Galaxias, de King Kong, de los Ángeles de Charlie o de Steve Austin, de quien incluso hicieron un juguete que en verdad tenía un ojo biónico de largo alcance. Y que cuando intercambiábamos estampitas decíamos: esa ya la tengo, ya, ya.. esa noooo.
Y de las estaciones de radio, ¿te acuerdas? Que los peluqueros sintonizaban Radio Joya y en todas partes se oía Radio Variedades, Radio Éxitos, Oigo Radio Centro “no se haga la tonta, vengo por la renta”, y la estación más adelantada a su tiempo, Radio 590, la Pantera. Acuérdate de “El sol nace para todos”, de “Dicen que los hombres no deben llorar”, y de “Un rayo de sol, en mi corazón, shalala” (gracias, maestro Roberto, después de 45 años le digo que la tabla gimnástica salió muy bien) y la más famosa canción de los setentas, que superó a “La Montaña”, y al “Gato en la oscuridad”, una pieza que todo mundo cantaba y que se volvió símbolo de una época: ·”Nada te llevarás cuando te vayas, cuando se acerque el día de tu final…” Gracias, José María Napoleón.
Acuérdate de que esperábamos a que pusieran alguna buena canción en Radio Universal para grabarla en un cassete, porque no era fácil ni barato conseguir discos de rock, de los que estaba de moda… Rapsodia Bohemia y Hotel California estaban en nuestros casettes Sony o Ampex, y claro que te enojabas si alguien de tu familia borraba la cinta para grabar encima a Julio Iglesias, Roberto Carlos o incluso a Cepillín, el payasito de la tele.
Acuérdate de que, de chicos, veíamos las bardas pintadas de verde, blanco y rojo, que decían “Arriba y Adelante” y que, cuando ya estábamos en sexto, en una casa que estaba después del kinder Ricardo Castro, nos regalaron lápices, reglas y cuadernos que decían “La solución somos todos”. Era la época de los interminables informes y de las nubes de papelitos alrededor del presidente. Acuérdate también de que llenábamos planillas de la Cruz Roja y de que éramos Vigilantes del Comando Infantil para cuidar la naturaleza. “Arbolito estás de pie, igual que yo en esta tierra…”
¿Y de los pantalones Topeka, te acuerdas? ¿De los exorcist shoes, de los tenis Super Faros, y de que algunos traían suecos? ¿Y de las mochilas de cuero que después se transformaron en portafolios Samsonite, prácticamente indestructibles?
Acuérdate que en esos años fue cuando la Secretaría de Educación Pública entregó, por primera vez, los libros de texto que explicaban algo de sexualidad, y que los maestros nos pedían inexplicablemente no abrir el libro en esa unidad, quizá por eso casi todos teníamos tres, cuatro, cinco o más hermanos. Hasta secundaria tuvimos información clara y veraz, gracias a un gran profesor aquí presente.
Acuérdate de que los lunes en la mañana, en los honores a la bandera, la banda de guerra y la escolta se la pasaban mirando al cielo porque el Concorde pasaba arriba de la Fundación. Y no se te olvide de cuando nos llevaron casi de madrugada a hacer valla para proteger a Juan Pablo II y que solamente nos tocó verlo saludar desde el helicóptero. Ni la peinada.
Por eso, quiero que te acuerdes del escuadrón de policía y tránsito atravesando el fuego en las canchas de basket, de cuando se fletaban los que tenían mala puntería y del tráfico clandestino de palanquetas.
Esos fueron los 70as: los que vivimos en las calles, en la ropa, en la tele, en las combis, Mustangs, LTDs y vochitos. Los setentas de Ángel Fernández, Bruce Lee , Roger Staubach y Carlos Zárate; los setentas de Fliper y Daktari; los de la función sabatina de box y la familia Telerín.
Acuérdate de que del 71 al 81 vivimos intensamente en la calle y en la escuela, acuérdate del carrito del gordo de las paletas, de las tiras de plástico de colores que tejíamos, del hielo de Siberia a las 7 de la mañana, del sabor de los desayunos escolares, del dorado de las medallas escolares y del verde de la libreta de tareas.
Por favor, que no se te olviden las flores que se cultivaban en la casa de los hermanos, la escalera vieja de para subir a la azotea de los desayunos y los postes naranjas de los espiros.
Sobre todo, amigo, acuérdate del azul, el mejor azul de nuestro uniforme de gala, que era el mismo de las selecciones. El azul de una generación de niños que siempre ha estado orgullosa de su escuela. Una generación que no siempre fue afable y serena, pero que ha intentado ser honesta, capaz y feliz. Nuestra generación, la generación 81.
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