Búsqueda

Viernes, Abril 17, 2026

Estimados amigos y compañeros de camino en la educación ambiental:

Comienzo con una palabra esencial: gracias. Recibir este reconocimiento es honrar la trayectoria que hemos construido juntos. Estar hoy aquí, con compañeros que admiro profundamente, es confirmar que la gratitud es, ante todo, un acto de presencia; la conciencia de que somos seres en búsqueda, cuya fortaleza reside en la reciprocidad y el encuentro.

Asumir el reto de ser educadora ambiental ha sido para mí el mayor regalo: un viaje de transformación y un ejercicio de fe en lo humano que vivo con profunda humildad. Entendí que la verdadera fuerza nunca estuvo en mis certezas, sino en el proceso y en la oportunidad de generar encuentros. A lo largo de mi trayectoria, tanto en las aulas como en el complejo entramado de la gestión institucional, mi trabajo se ha centrado en la construcción colectiva, el diálogo y la suma de voluntades.

En este andar, recorrer el país me permitió tener amigos y compañeros de lucha en cada rincón de México. Gracias a este tejido de afectos, la institución dejó de ser un frío espacio burocrático para convertirse en un territorio para tejer redes y fortalecer saberes compartidos.

Actualmente, la integridad de la vida está comprometida; la biodiversidad se extingue y el avance del asfalto devora la naturaleza, mientras el sistema financiero parece premiar la destrucción del planeta. Este escenario nos impele a una reconfiguración de nuestra relación con la naturaleza y con la racionalidad moderna. Más de cincuenta años de historia en la educación ambiental son tiempo suficiente para saber que no somos un espejismo, sino una raíz que resiste. La EA es un campo de acción y conocimiento necesario ante el grave deterioro ambiental. En consecuencia, nuestra labor emergió como un conjuro contra la inercia que pretende invisibilizar la crisis y asfixiar nuestra capacidad de actuar. Hoy, esa inercia se manifiesta en una racionalidad neoliberal que fabrica personas ancladas en el consumo, lo cual erosiona la base biofísica de la Tierra.

Nuestra praxis debe ser una acción política deliberada que denuncie el negacionismo y las salidas falsas. En el presente, la EA debe transformar el horizonte de nuestras aspiraciones y contribuir al tránsito hacia otro paradigma de desarrollo. Para ello, nos sostenemos en principios fundamentales: la defensa de la vida contra el mercado; el cuestionamiento constante para arriesgarse a descubrir que el mundo puede ser distinto; y una pedagogía de la esperanza, entendida como una renovación ética y un compromiso que impida que los poderes hegemónicos nos sigan arrastrando al abismo.

Como señalaba el doctor Javier Reyes, no estamos desprovistos en este desierto de sentidos; cargamos un caudal de vida compuesto por la vocación, los sueños, la palabra y el silencio necesario para escuchar a la naturaleza. Es precisamente bajo esta luz, y evocando al Doctor Rafael Tonatiuh, que recordamos que la dialéctica de "la mar y el ancla" nos enseña que educar es, simultáneamente, un ejercicio de libertad y de riesgo. Fue bajo esa misma premisa que mi labor se desplegó en el complejo entramado institucional del gobierno federal. Entendía la institución no como un refugio de la pasividad, sino como un espacio de tensión entre el poder y la lucha pacífica. Allí, el reto fundamental fue resistir a las prácticas reproductoras para impulsar proyectos que apuntaran a la formación de una ciudadanía crítica a través del trabajo intersectorial e interdisciplinario. Los educadores tenemos la facultad de intervenir en las estructuras, de resistir las lógicas neoliberales y la transitoriedad de los ciclos políticos, asumiendo la responsabilidad ética de construir en colectivo.

Es imperativo transitar de la observación del colapso a convertirse en actores de la transformación. Que nuestra labor sea el oleaje incansable que golpea los muros de la indiferencia; ese pulso rítmico que no se detiene y que le recuerda al poder que la vida no es una mercancía en subasta, sino un océano de dignidad que se defiende. Sigamos habitando este territorio con la convicción de que, mientras prevalezca el pensamiento crítico y la acción colectiva, habrá un mundo posible.

Es bajo este espíritu de compromiso compartido que asumo esta distinción otorgada por el Comité Organizador del IX Coloquio Nacional de Estudiantes y Egresados de Programas Académicos de Educación Ambiental, integrado por la Universidad Pedagógica Nacional, la Universidad de Guadalajara, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y la Universidad de Colima. Recibo el reconocimiento como una invitación renovada que nos convoca a fortalecer la educación ambiental como una fuerza dialógica, capaz de transformar la indignación en proyecto y la incertidumbre en un horizonte de liberación. Celebro este momento porque honra nuestro quehacer común; nada de esto habría sido posible sin la red de voluntades y saberes que hemos tejido. Expreso mi más profunda gratitud a mis maestro, a todas las personas, especialmente a los docentes y educadores ambientales con quienes he tenido el privilegio de construir proyectos y desarrollar acciones; su ejemplo ha sido mi inspiración y mi fuerza.

La esperanza es una necesidad vital; es un acto de resistencia radical contra la situación actual. Es el aliento que transforma la indignación en proyecto y liberación. Se ancla en la praxis, se fecunda en el diálogo y se fortalece en la mirada del otro. Finalizo con el corazón lleno de nombres, de preguntas y de momentos compartidos. Que nuestra labor siga recordándole al mundo que, más allá de la hegemonía del mercado, existe una vida que merece ser vivida con dignidad, una tierra que reclama ser amada con justicia y una esperanza que, a pesar de todo, se atreve a florecer.

Muchas gracias.

Sacapuntas

Héctor Aguilar Camín
Marcos Roitman Rosenmann

El timbre de las 8

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández

La Clase

Mario Antonio Ramírez Barajas
Mario Antonio Ramírez Barajas
Gabriel Humberto García Ayala

Tema del mes

Mentes Peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández
Claudia Madrid Serrano y Oswaldo Escobar Uribe

Maestros en la Historia

Tarea

Jorge Drexler
“pálido.deluz”, año 15, número 187, "Número 187. Educación y guerra. (Abril, 2026)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
Cuadro de Honor

Cuadro de Honor

Videoteca

Videoteca

Biblioteca

Biblioteca

Sitio creado por graficamental.com