¿Cuántos asesores, secretarios de Estado han sido destituidos por Trump cuando han mostrado disconformidad con sus políticas? Calígula y Nerón expresan la personalidad de Donald Trump. Igual de melodramático, el actual inquilino de la Casa Blanca sufre de megalomanía. Amante de los excesos y complejo de superioridad, reviste su poder con mansiones, torres que llevan su nombre o retretes de oro.
Sus devaneos sexuales no tienen nada que envidiar a Nerón y Calígula. Prostitutas, menores de edad, orgías y drogas. Busca el reconocimiento y ser condecorado. Tiene mentalidad de un niño de cinco años, dirá Guillermo Fesser, corresponsal español en Estados Unidos. Un día piensa en blanco, al siguiente en negro, luego en gris y por último en verde. Sus acciones, declarando la guerra al mundo, proyectan derrotas estratégicas en el medio y largo plazos. Ningún objetivo alcanzado. Conmigo o sin ti es el mensaje.
La realidad no acompaña sus declaraciones. Sus aliados naturales son degradados a la condición de comparsas. Y sus detractores reciben insultos, descalificaciones y los caricaturiza. Se rodea de aduladores. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se inventa un premio de la paz para entregar, por primera vez, a su amigo Trump, como desagravio al no obtener el Premio Nobel. Su receptora, en audiencia pública en la Casa Blanca, le hace entrega del recibido en Oslo. ¿No sea que se enfade?
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