¿Cuántos recuerdos pueden detonar unas gorditas? No me mal interpreten. Me refiero a unas pequeñas galletas, de aproximadamente cinco centímetros de diámetro, hechas con harina de maíz, mantequilla, huevos y azúcar, cocidas sobre un comal, envueltas primero en polipapel y después en papel de china de vistosos colores: morado, amarillo, rojo, anaranjado y azul. Me explico:
Resulta que cerca de mi domicilio hay una pequeña iglesia. Se llama Convento de Santo Tomás de Aquino, administrada por la Orden de Predicadores Dominicos. No es un edificio tradicional. Es decir, como aquellos templos católicos colmados de simbolismo religioso. En primer lugar, las plantas de las iglesias tradicionales tienen forma de cruz. En la parte central están el presbiterio y el santuario. El primero es el área al frente de la iglesia, usualmente elevada por varios escalones para separarla de la nave donde se sitúan los fieles. Tradicionalmente, es el espacio reservado para el clero, los sacerdotes y el coro. El santuario es a menudo considerado parte del presbiterio, es la zona más sagrada y noble que contiene el altar mayor. También tienen el llamado púlpito, que es una plataforma elevada, generalmente con barandilla, situada en la nave principal para que el sacerdote o el predicador se dirija a los fieles.
En cambio la iglesia que está cerca de mi casa es un rectángulo de una planta, aunque contiene los símbolos católicos de las iglesias tradicionales.
Después de esta brevísima descripción continúo. Un domingo que pasé frente a este templo grande fue mi sorpresa al ver que afuera estaba una señora elaborando las gorditas que ya describí anteriormente. Sentada sobre un banco, con su anafre, carbón, un comal y la masa, elaboraba las gorditas.
Obviamente compré un paquete de ellas, cuya vista y sabor despertaron en mí recuerdos de mi estancia con los abuelos paternos durante las vacaciones escolares.
Mis abuelos cumplían rigurosamente con los preceptos religiosos del catolicismo. Con ellos asistí a misa los domingos a la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, ubicada en san Ángel. Y lo que más esperaba con ansiedad era que a la salida del templo me compraban las gorditas de maíz que saboreaba con deleite.
En la misa de los domingos comulgaba, claro está, después de confesarme; aunque a la edad de 10 años no recuerdo qué tipo de pecados cometía. O tal vez era pecado desear que la misa estuviera dicha en español y no en latín, o que la liturgia terminara pronto, ya que a la altura del trisagio estaba impaciente para que concluyera y poder ver a una niña que me gustaba mucho, o para que mis abuelos me compraran las famosas gorditas. Recuerdo que uno de esos domingos esperamos al sacerdote un largo rato para que bendijera un escapulario que mis abuelos compraron para mi protección, el cual no me quitaba ni para bañarme, por el temor de que algo malo me pasara. Con el paso del tiempo el escapulario terminó desteñido, hasta que finalmente quedó hecho pedazos, sin que, afortunadamente, me sucediera algo malo. El escapulario es un sacramental católico consistente en dos pequeñas piezas de tela de color café, unidas por cintas que uno se cuelga al cuello. Con los abuelos aprendí a rezar algunas oraciones. Con el paso del tiempo, como escribió Machado, también aprendí que de nada sirve rezar.
PDF