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Martes, Abril 21, 2026

También la lluvia (España/México/Francia, 2010) es el quinto largometraje de la directora española Icíar Bollaín, con guion de Paul Laverty. Esta cinta denuncia en forma contundente el despojo y la opresión que han sufrido los pueblos latinoamericanos durante la colonia y que siguen padeciendo, a pesar de sus independencias, en nuevos procesos de neocolonialismo. La mirada sobre problemáticas sociales de Bollaín quedó en evidencia en Te doy mis ojos (España, 2003) con la violencia intrafamiliar a las mujeres, pero a continuado en obras como El Olivo (España, 2016) sobre lo significativo de la naturaleza en las personas mayores y la lucha de una joven por preservarlos.

 

La película También la lluvia gira en torno a la filmación de una cinta histórica que se pretende rodar en Cochabamba, Bolivia, en el año 2000. En la cinta, el guion elaborado por Sebastián (Gael García) describe la denuncia que en el siglo XVI hace Fray Antonio de Montesino cuando en la isla de La Española (Hoy Rep. Dominicana y Haití) se cometían abusos y maltratos a los indígenas recién conquistados. El productor Costa (Luis Tosar) es el encargado de conseguir las locaciones para que se concrete la realización del filme. Los actores y toda la producción arriban a la ciudad de Cochabamba para poner en marcha el proyecto cinematográfico.

 

Mientras se preparan las grabaciones de ese suceso ocurrido en 1511, el director Sebastián hace un casting entre los pobladores bolivianos para conseguir actores que representen a los indígenas. En Daniel (Juan Carlos Aduviri), uno de los líderes que encabeza el movimiento de resistencia contra la privatización del agua en Cochabamba, encuentran a su personaje Hatuey, el cacique taíno que luchó contra los conquistadores españoles. A Costa no le parece adecuada la selección de ese actor, pero la acepta con reservas.

 

En la película encontramos tres niveles de análisis, correspondientes a las tres historias que se entrelazan en el guion, a saber: la historia que se va filmando sobre El fraile Montesino; la problemática social que va ocurriendo en Cochabamba sobre la privatización del agua; y el compromiso social que asumen los realizadores y actores de la obra cinematográfica frente a las anteriores circunstancias. De este modo, podemos hacer una reflexión sobre el despojo y opresión que ha significado el colonialismo y neocolonialismo en América Latina.

 

  1. Colonialismo: Despojo y opresión en la conquista de América

 

En la cinta También la lluvia, Sebastián (Gael García) realiza un guion sobre la colonización de América en el siglo XVI. En una de las escenas se representa la denuncia que el fraile Montesino hizo en 1511 contra los abusos y opresión que los españoles estaban ejerciendo sobre los indígenas taínos de la isla La Española.

 

En la escenografía donde se construye el templo, el director Sebastián explica a dos actores, cómo fue que se desarrolló el famoso sermón en el que el fraile acusa a los colonizadores españoles, entre los que se encontraba Diego Colón, hijo del explorador genovés. Juan, quién actúa como Montesino y Alberto, quién representa a Bartolomé de la Casas, reproducen informalmente la escena. El director va repitiendo en voz baja los parlamentos y en particular, susurra una frase que será significativa en el desarrollo de la cinta:

 

A ver, es marzo de 1511, –dice Sebastián— los dominicos congregaron a todos los ricos y poderosos de la isla de Santo Domingo para que escuchen el sermón. Bartolomé está por ahí sentado, sí, exacto, por aquí. Él es uno más de ellos, él todavía tiene indios y tierras en ese momento, ¿okay?

Entonces –dirigiéndose al actor que personifica a Montesino –tú estás detrás, allí. Escuchamos el himno en latín. Termina. Una pausita. Intercambias una mirada con Bartolomé. Y comenzamos…

 

Juan, que representa a Montesino, empieza a actuar y expresa:

 

Los fariseos mandaron a alguien a preguntarle a San Juan Bautista quién era. Y este replicó: “soy una voz que clama en medio del desierto”. Los indios están extrayendo el oro con el que construimos nuestras ciudades, incluso nuestras iglesias. Un oro que sirve para financiar nuestras conquistas en lugares remotos y hace girar la inmensa rueda del comercio ¡A todos nos alcanza el sudor de los indios! ¡Y a los que más, a su majestad y a sus obispos! Como sacerdote que soy, me debo a los mandamientos del evangelio y el primero de ellos es predicar la verdad. ¡Yo soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla y estáis en pecado mortal!

 

¡¿Pero qué está diciendo?! ¡Ese hombre se ha vuelto loco! –lee el director en voz alta, siguiendo el parlamento.

 

La escena continúa en un intercambio en que el personaje Montesino sigue increpando a los españoles de la isla. Y cuando concluye el ensayo de esa secuencia, Juan señala que resulta muy aleccionador el suceso que están representando. Sebastián, emocionado, aclara que Montesino había sido el primer hombre que, desde la conquista, denunció la explotación de los indígenas enfrentando, él solo, a todo un Imperio y que no dejaría de hacerlo hasta que encontró la muerte.

 

Además de que, a partir de aquel discurso, ─continuó diciendo Sebastián, ─Bartolomé había adquirido la conciencia que lo llevó a defender a los indios.

 

La película También la lluvia abunda en escenas tan aleccionadoras como la descrita anteriormente. Las reflexiones que incita el texto del guion elaborado por Sebastián y los comentarios de los actores cuando estudian, ensayan o van filmando la obra interpelan al espectador. Otros ejemplos están en la parte del libreto en que mujeres indígenas ahogan a sus niños en un río, perseguidos por los españoles; o cuando queman en una hoguera a Hatuey junto con otros indígenas; o en el momento en que, terminando una comida, los actores repasan en colectivo los diálogos y Antón, que personifica a Colón, dramatiza la escena frente a una mesera que tiene indudables rasgos indígenas. Todos quedan sorprendidos de la acción realizada por Antón que permite jugar entre la ficción de las actuaciones alrededor de 1511 y la ficción representada en el 2000, en Cochabamba.

 

El desarrollo de la cinta nos mantiene en el límite de ese juego intertextual entre la historia de Montesino que nos remite al siglo XVI y la situación social que se muestra en la Cochabamba boliviana de los inicios del siglo XXI, en las que resuena la frase que reiteradamente aparece en varios momentos de la película:

 

¡Yo soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla y estáis en pecado mortal!”

 

  1. Neocolonialismo: Despojo y opresión en las sociedades modernas

 

Una gigantesca cruz de madera amarrada a un helicóptero en pleno vuelo es una de las primeras escenas que aparecen en la cinta dirigida por Icíar Bollaín. La imagen sugiere múltiples interpretaciones. Cruz que en cine con escenarios latinoamericanos hemos visto caer sobe la inmensas Cataratas del Iguazú, en La Misión (Joffé, R. EEUU, 1986) o las cruces con las que llegan los sacerdotes españoles a lo que será América, temblando y cubriéndose con ellas, para concluir con una inmensa cruz que cargan los colonizados al final de la película en Cabeza de Vaca (Echeverría, N. México, 1991).

 

En el caso de También la lluvia, a nosotros nos provoca otorgarle un significado asociado al neocolonialismo, al moderno despojo y opresión que sufren los países latinoamericanos.

 

La escena comienza con un plano general que muestra a los bolivianos reducidos a pequeñas figuras mientras observan el helicóptero sobrevolar la ciudad. Luego se enfoca el rostro de Daniel, el protagonista indígena que ha sido seleccionado como el actor que representará a Hatuey en la cinta de Costa y Sebastián. Daniel liderará, más adelante, las protestas contra la privatización del agua, anticipando su papel protagónico en la lucha por la justicia social. Esta escena encuentra un paralelo interesante con una secuencia similar en la película Cabeza de Vaca. En ella, se muestra a los conquistadores españoles transportando una enorme cruz en una expedición por el territorio que hoy es México. La cruz, símbolo del cristianismo y del poder colonial aparece simbolizando la imposición violenta de la fe y la dominación europea sobre los pueblos originarios.

 

 

Consideramos que, a través de la cruz transportada por un helicóptero, Icíar nos sugiere el nuevo colonialismo que estamos viviendo muchos países en Latinoamérica. De hecho, la trama de También la lluvia ocurre en el contexto de la lucha por el agua en Bolivia iniciando el siglo XXI.

 

En 1999, el gobierno boliviano, bajo la presión del Banco Mundial, privatizó el suministro de agua en Cochabamba, adjudicando el contrato a “Aguas del Tunari”, un consorcio liderado por la multinacional estadounidense Bechtel. Esta privatización resultó en un aumento drástico de las tarifas del agua, que se elevaron más del 100%, lo que hizo que muchas familias no pudieran pagar por este recurso esencial. Además, se prohibió la recolección de agua de lluvia, lo que exacerbó la crisis. Las protestas estallaron en enero de 2000, lideradas por la Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida, y se convirtieron en un movimiento masivo que exigía la reversión de la privatización. La represión policial resultó en muertes y heridos, pero la presión popular llevó al gobierno a cancelar el contrato con Bechtel en abril de 2000, marcando un triunfo significativo para la comunidad. (Dávila, 2017)

 

También la lluvia utiliza la historia del rodaje de una película sobre la conquista para reflejar las dinámicas de poder contemporáneas. La producción cinematográfica se convierte en un espejo de las injusticias del pasado y del presente, donde los cineastas, al igual que los conquistadores, se benefician de la explotación de los recursos y de la mano de obra local, sin considerar las realidades y luchas de la población indígena. La película muestra cómo los personajes, inicialmente distantes de los problemas locales, se ven obligados a confrontar la realidad de la “Guerra del Agua”. Este paralelismo entre la explotación colonial y la lucha por el acceso al agua resalta el neocolonialismo moderno, donde las corporaciones multinacionales continúan ejerciendo control sobre los recursos naturales de los países en desarrollo.

 

  1. El cine y su compromiso como medio de comunicación contra-hegemónico

 

En la película También la lluvia observamos un fuerte compromiso social en los personajes principales: Costa, Sebastián y el líder indígena Daniel. De este modo, la cinta utiliza el cine como un medio de comunicación contra-hegemónico, abordando temas de colonialismo, neocolonialismo, explotación y justicia social.

 

Recordamos que Costa es el productor de la película que se rodará en Bolivia. Al principio, su enfoque es pragmático y centrado en los costos, lo que lo lleva a mostrar un desapego hacia la realidad social que lo rodea. Sin embargo, a medida que avanza la trama y se desata la Guerra del Agua en Cochabamba, su perspectiva comienza a cambiar. Frente al conflicto en el que la hija de Daniel desaparece, Costa se ve obligado a confrontar la injusticia que sufren los bolivianos a manos del gobierno, en complicidad con la multinacional Bechtel, de tal manera que toma conciencia y es llevado a cuestionarse el papel en la producción cinematográfica, el sentido de rodar una película y la responsabilidad social y política que debe asumir.

 

Sebastián es el director idealista que busca contar la historia de la llegada de los españoles a América desde una perspectiva crítica. Su compromiso con la causa de los pueblos indígenas es evidente desde el inicio, ya que desea representar la brutalidad del colonialismo y dar voz a los oprimidos. A lo largo de la película, Sebastián se transforma al darse cuenta de la conexión entre su trabajo y la lucha de los bolivianos por el acceso al agua, lo que lo lleva a involucrarse activamente en la resistencia.

 

Daniel, en cambio, es el líder indígena que simboliza la lucha del pueblo boliviano contra la privatización del agua. Su compromiso con su comunidad y su valentía para enfrentar a las autoridades y a la empresa extranjera lo transforman en un héroe dentro de la narrativa, como si reencarnara al personaje que está representando, Hatuey. La relación entre Daniel y los cineastas se convierte en un punto crucial, ya que los obliga a reconocer la realidad y la urgencia de la lucha social y la justicia.

 

Reflexión final

El 2026 inició con la prepotencia del Imperio Estadounidense, encabezada por el infame Donald Trump. Después de una guerra arancelaria; del supuesto apoyo a Zelensky en Ucrania; de la complicidad con el genocidio en Gaza; de bombardear Irán; y después de haber detenido ocho guerras, a fuerza de amenazas militares y según su cuestionable entendimiento, el impresentable presidente de Estados Unidos orquesta una intervención, la madrugada del 3 de enero, en Venezuela. Y luego, amenaza con anexionarse Groenlandia, que hasta dónde sabemos no tiene dictadores o narcos, pero si muchos recursos naturales y una geografía estratégica. El descaro, hipocresía y voracidad de un Imperio en decadencia parecen ser las características distintivas de este nuevo orden mundial. Por ello, recomendar, analizar y dialogar sobre la cinta de Iciar Bollaín, resulta necesario en estos momentos críticos.

 

 

También la lluvia se presenta como un cine comprometido que desafía las narrativas hegemónicas sobre colonialismo, neocolonialismo, la explotación y el despojo. A través de la historia de la Guerra del Agua, la película critica la forma en que los gobiernos y las corporaciones multinacionales operan en países pobres y dominados por los grandes capitales; y utilizando el contexto histórico de la conquista y la denuncia del fraile Montesino devela las injusticias, antiguas y contemporáneas, que estos pueblos han sufrido. La película no solo busca entretener, sino también educar y concientizar al público sobre la realidad de los pueblos indígenas y su lucha por la dignidad y el acceso a recursos básicos. Al entrelazar la filmación de la película sobre Hatuey y la denuncia del fraile Montesino, con las protestas en Cochabamba, También la lluvia se convierte en una pieza artística de resistencia cultural que visibiliza las luchas sociales y políticas en Latinoamérica.

 

Por lo que consideramos que También la lluvia es una obra que refleja el compromiso social y político con las sociedades latinoamericanas y la lucha por la justicia planetaria. A través de la evolución de los personajes principales (Costa, Sebastián y Daniel) la película ilustra cómo el cine puede ser un medio poderoso para desafiar las narrativas dominantes y promover un cambio social. La obra de Iciar Bollaín se erige como un ejemplo de cine comprometido que utiliza la ficción para abordar realidades complejas, convirtiéndose en una voz contrahegemónica en el panorama cinematográfico del siglo XXI.



Referencias

Dávila, Miguel (2017) “Cine dentro del cine, Historia dentro de la historia: También la Lluvia (Icíar Bollaín, 2010)” en Revista Procesos Históricos. Universidad de los Andes núm. 31, pp. 168-184, 2017 en https://www.redalyc.org/journal/200/20049680015/html/


Leoni-Hughes, H. (2021) “La reproducción de narrativas coloniales en También la lluvia y su relación a la política boliviana” en https://journals.library.columbia.edu/index.php/portales/article/view/7660


Youngblood, Amber, "Neocolonialismo y sus agentes en También la lluvia" (2023). World Languages and Cultures Senior Capstones. 8. https://kb.gcsu.edu/wlc_capstone/8

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