María Izquierdo (1902-1955) fue una de las primeras mujeres mexicanas en exponer su obra fuera del país y una figura clave del movimiento artístico posrevolucionario. Su vida y su arte fueron una lucha constante por la libertad, la identidad, y el reconocimiento en un mundo (sobre todo un mundo artístico dominado por y para hombres).
Orígenes y formación.
Nació en San Juan de los Lagos, Jalisco, en 1902. Desde muy pequeña mostró una profunda sensibilidad artística. Tras mudarse a la Ciudad de México, ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes. (hoy Escuela de Artes Plásticas). Uno de sus maestros fue Diego Rivera, aunque pronto se distanció de él y de los muralistas ya que no compartía su enfoque político ni su estilo monumental.
En lugar de seguir el camino del muralismo, Izquierdo optó por una voz más íntima y personal. Su arte reflejaba la vida cotidiana mexicana, las tradiciones populares, el colorido del folclore y la presencia femenina, sin la carga ideológica que dominaba el arte de la época.
Estilo y temas.
Su pintura se caracteriza por una atmósfera poética y melancólica, donde aparecen mujeres solas, circos, altares, frutas y símbolos religiosos. Su paleta era vasta intensa y diversa.
Sus composiciones tienen un equilibrio entre ingenuidad y profundidad; María Izquierdo transformó lo doméstico en un tema artístico de dignidad y belleza, en una época donde se veía a la mujer más como musa que como creadora.
María pintó desde su propia mirada, dando total protagonismo a la experiencia de la óptica femenina.
Emerge un espíritu rebelde.
En 1930 se convirtió en la primera mexicana en exponer individualmente en el extranjero, en la Art Center Gallery de Nueva York, este acontecimiento fue la noticia de la época, repercutiendo en futuras artistas latinoamericanas.
A pesar de su éxito, se enfrentó a múltiples obstáculos: uno de los más recordados fue cuando el Gobierno mexicano le negó la oportunidad de realizar un mural en 1945. Siendo que ya se habían autorizado los bocetos previos a la obra.
Le negaron la autorización final argumentando que “una mujer no podía dirigir una obra de tal magnitud” – se dice que detrás de este penoso hecho, se encontraba la “santa trinidad del arte mexicano” (Rivera, Orozco y Siqueiros).
Esta humillación marcó su carrera, pero no acallo su voz y menos su espíritu.
La asombrosa María.
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Fue autodidacta en muchos aspectos. Aunque estudió arte, desarrolló su propio estilo sin depender de escuelas o movimientos.
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Amaba el circo. Lo consideraba un símbolo de la vida misma, mezcla de alegría, esfuerzo y un dejo de tristeza.
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Escribía poesía y cartas apasionadas, su sensibilidad y creatividad se extendía más allá del pincel.
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Sufrió una parálisis parcial en 1948, que limitó su capacidad de pintar, pero continuó trabajando con determinación y calidad.
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Fue reconocida internacionalmente, su obra fue exhibida en Estados Unidos, Chile y Francia en vida, algo excepcional para un artista mexicano de su tiempo.
Su innegable y eterno legado.
María Izquierdo abrió camino a generaciones de mujeres artistas. Su voz aun resuena llenando de emoción, recuerdos vibrantes de sus pinceladas latentes, así como ese talento colmado de color y valentía.
Reivindicó lo femenino como un territorio legítimo del arte. Hoy su obra se conserva en museos, como el Museo de Arte Moderno de México y el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile.
Mi top 10 de las mejores obras de María Izquierdo.
1.- Sueño y premonición (1947)
2.- Mis sobrinas (1940)
3.- Retrato de Belem (1945)
4.- El circo (1932)
5.- Naturaleza muerta (1946)
6.- Retrato Lupe Marín (1939)
7.- La Tehuana (1940)
8.- La ofrenda (1943)
9.- El sueño de las margaritas (1943)
10.- Caballos (1936).
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