Si Trump realmente quisiera destruir al crimen organizado y reducir las muertes por sobredosis de fentanilo, empezaría dando batalla dentro del principal bastión del narcotráfico global y su principal fuente de ingresos: el propio Estados Unidos.
Esto no solo no está sucediendo, sino que varias políticas trumpistas están abiertamente encaminadas en el sentido opuesto.
Trump ha facilitado la venta de armas dentro de Estados Unidos (muchas de las cuales terminan en manos del narcotráfico), ha recortado miles de millones de dólares de presupuesto de los servicios de salud estatales (reduciendo la atención de adicciones), ha reducido los apoyos de vivienda para personas sin hogar (lo que, se espera, aumente aún más las adicciones) y, en el colmo del cinismo, ha indultado narcotraficantes acreditados (como el ex presidente de Honduras Juan Orlando Hernández).
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