Remuevo mis libros para un propósito muy triste. Al hacerlo encuentro un libro de Alberto Manguel titulado Mientras embalo mi biblioteca. Me lo regaló una amiga muy querida, quien consiguió que el autor me lo dedicara. Como escribí al principio, la tristeza se debe a que, debido a una mudanza, otra más, debo irme dejando atrás mis amados libros, porque ya me faltan las fuerzas para cargarlos de un lado a otro. Así que cada mañana salgo con una bolsa para llevarlos, poco a poco, con un señor que se dedica a vender libros de segunda mano. He querido regalárselos, pero ha insistido en pagarme algunos pesos por ellos. Aunque cualquier precio que me da por ellos no compensa la enorme pérdida que significa para mí no volverlos a leer ni tenerlos entre mis manos. Lo curioso es que le he devuelto algunos libros que le compré. Porque durante los años que viví por esta zona con frecuencia dedicaba algunos minutos a ver qué libros podrían interesarme. Arturo, que así se llama el señor, tiene muchos años dedicados a la compra-venta de libros. No tiene un local. Simplemente los muestra sobre un muro, a lo largo de cinco metros, de la calle Pirineos, casi esquina con calzada de Tlalpan, en la Portales. Y allí están, ejemplares de diversos temas, en espera de que alguien los adopte. Así como muchos de mis amigos y conocidos van desapareciendo, así van desfilando mis libros, en espera de una vida mejor.
Joseph Fouché y los modernos chapulines
Fouché es el ejemplo más acabado del político traidor, corrupto, arribista, hipócrita y tenebroso. En 1793, después de ser un republicano, se convierte de la noche a la mañana en un comunista radical. De hecho, se adelantó a Marx al publicar un manifiesto comunista. Sin embargo, en 1797 descubre que el dinero huele mucho mejor que el pan de la igualdad y funda, gracias a sus nuevas relaciones, de una parte, con los nuevos grandes financieros, y de la otra con el gobierno corrupto, una compañía de aprovisionamiento para el ejército, que le deja millonarias ganancias. Pocos habrán cavado más laboriosamente la tumba de la República que Fouché, el ex diputado de la Convención, el ex presidente del club de los jacobinos, el “mitrailleur de Lyon”, el enemigo de los tiranos, antaño el más republicano de los republicanos.
¿Y las ideologías?
Este título viene a cuento debido a que algunos partidos políticos de nuestro país cambian de bando según les convenga. Por ejemplo, en el año 2000 el triunfo de Vicente Fox contó con el apoyo del PVEM y después apoyó PRI. El Partido Encuentro Social, que en la elección del estado de México hizo coalición con el PRI, ahora lo hace con Morena, junto con el Partido Verde. Son acuerdos contra natura. En los años recientes todo ha sido un batidero con el propósito de ganar el poder y lo que eso conlleva, las respectivas ideologías son lo de menos. Las ideologías y los principios se los pasan por el forro.
La historia se repite cada sexenio. Políticos sin escrúpulos que se pasan de un bando a otro, ya sea por su propia voluntad o chantajeados o amenazados, están acabando con nuestra democracia y nuestra República.
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