Introducción
Hasta fines de los años setenta las ideas fuertes, las que fundaron y hegemonizaron los estudios de comunicación, respondieron más a un modelo de conocimiento instrumental que a un proyecto de comprensión. En los últimos años, ese modelo se ha visto rebasado tanto por el movimiento de los procesos sociales, como por los desplazamientos en el terreno teórico. La comunicación y la información –de la mano de las innovaciones tecnológicas: satélites, informática, videoprocesadores– han pasado a ocupar el lugar central en la configuración de los nuevos modelos de sociedad. (Baudrillard, 1985 y 1990) Pero esa centralidad de los dispositivos de la comunicación está implicando el replanteamiento de su sentido y su razón. De ahí que en el terreno teórico, la comunicación esté hoy vinculada, paradójicamente, a la búsqueda y defensa de una racionalidad diferente a la instrumental; es decir, a la racionalidad que emerge de la experiencia de socialidad que contiene la praxis comunicativa cotidiana (Habermas, 1987 y 1989) y al cambio cultural que conecta las nuevas condiciones del saber (Lyotard, 1984 y Ginzburg, et al., 1984) con las nuevas formas del sentir, de la sensibilidad (Rorty, 1991; Touraine, 1992 y Calabrese, 1987) y con los nuevos modos de juntarse, esto es, con las nuevas figuras de la socialidad. (Maffesoli, 1990 y Inglehart, 1991) En América Latina lo que pasa en/por los medios no puede ser comprendido al margen de discontinuidades culturales, que median la significación de los discursos masivos y el sentido de sus usos sociales. Pues lo que los procesos y las prácticas de comunicación colectiva ponen en juego no son únicamente desplazamientos del capital e innovaciones tecnológicas, sino profundas transformaciones en la cultura cotidiana de las mayorías: cambios que sacan a flote estratos profundos de la memoria colectiva, al tiempo que movilizan imaginarios fragmentadores y deshistorizadores de la experiencia, la acelerada desterritorialización de las demarcaciones culturales–moderno/tradicional, noble/vulgar, culto/popular/ masivo, propio/ajeno– y desconcertantes hibridaciones en las identidades.
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