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Viernes, Junio 05, 2026

Los escándalos sobre que altos funcionarios “respetables” (cuando la palabra respetabilidad, escribiría Chesterton, se ha vuelto una expresión totalmente ofensiva gracias a los políticos) de la actual administración plagiaron sus tesis, sin que hasta la fecha hayan recibido sanción alguna, me trajo a la memoria un artículo publicado en el New York Times sobre un plagio que alcanzó notoriedad internacional.

En ese diario estadounidense se dio la noticia de que la escritora alemana Helene Hegemann publicó un libro que tuvo un rápido éxito y que, gracias a su popularidad, gran aceptación, críticas favorables y enormes ventas, fue finalista para el Premio del Libro de Leipzig. Se trata de la novela Axolotl Roadkill (El ajolote atropellado), que narra la experiencia de una joven de 16 años en el mundo de las drogas y los clubes nocturnos de Berlín. Para empezar el título del libro es muy extraño. En primer lugar, porque el ajolote es una especie endémica de los lagos y lagunas de nuestro país. En segundo lugar, no me explico que hace un ajolote fuera del agua para que lo atropellen.

Pero volvamos al tema que nos ocupa: la intertextualidad y el plagio. Normalmente a un autor le lleva mucho tiempo obtener críticas elogiosas, ascender como autor en las listas de los libros más vendidos y ser finalista de un importante premio literario. Sin embargo, Helene Hegemann, con tan solo 17 años, lo consiguió con su primer libro en cuestión de semanas.

Vayamos por partes. La novela fue publicada por la editorial berlinesa Ullstein Verlag y despertó un entusiasmo casi incondicional, sobre todo tratándose de una autora tan joven y aún incipiente. Axolotl Roadkill fue aclamada con asombrosa unanimidad como una sensación literaria: “El libro es fenomenal”, opinó Georg Diez en el Süddeutsche Zeitung y el Tages-Anzeiger, describiéndola como una “novela oscura y brillante, con un ritmo cautivador y casi sin matices”. Hegemann incluso ha “escrito la novela de su generación (Diez). Comentarios similares se leyeron en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ): una "sensación", "una fuerza narrativa tremenda", fue el veredicto, y también creían haber encontrado la "gran novela de transición a la edad adulta del 2000”. Inclusive el influyente diario Der Spiegel, en su sección de arte de habla alemana cantaba verdaderos himnos al prodigio literario, citando la crudeza, la vulgaridad y la autenticidad como criterios de calidad. Inclusive alguien señaló que el personaje principal de la novela era tan cínico como el protagonista del El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.

Hegemann ya contaba con una obra de teatro (escrita y representada) y una película (escrita, dirigida y estrenada en cines) y ascendió rápidamente al estrellato artístico. Todo iba bien hasta que un bloguero descubrió que material de la novela había sido extraído de la obra menos conocida Strobo, de un autor que escribió bajo el seudónimo Airen.

Un periodista alemán destacó que Hegemann se encontraba en medio de una colisión —aunque no precisamente atropellada— entre el círculo literario formal de un país que venera a escritores como Goethe, Mann y Grass, y la cultura juvenil berlinesa de los DJs y artistas que mezclan libremente temas musicales, infundiendo así creatividad en las viejas formas. O como dice Edmond, uno de los personajes del libro: ya citado “Berlín está aquí para mezclarlo todo con todo”.

Por su parte Deef Pirmasens, el bloguero que descubrió los pasajes de Strobo, comentó que comprendía que algunas palabras o frases se filtraban en la obra por inspiración, pero que rápidamente se dio cuenta de que eran demasiadas como para ser una coincidencia. “Tomar una página entera de un autor, como admitió Helene Hegemann, con solo pequeños cambios y sin consultarle, lo considero ilegítimo, declaró Pirmasens.

Lo que fue más asombroso es que la polémica no afectó las ventas del libro. En su momento, Axolotl Roadkill ocupó el noveno lugar entre los libros publicados en la página web alemana de Amazon, a pesar de las numerosas publicaciones negativas sobre la polémica del plagio. “Es una reedición de El nuevo traje del emperador, escribió un usuario, que le dio una estrella. En la sección Los clientes que compraron este artículo también compraron, se encontraba Strobo de Airen.

Respecto al escándalo que despertó su libro, otro periodista alemán declaró que Hegemann se disculpó por no haber sido más transparente con sus fuentes, también se defendió argumentando que ella representa a una generación diferente, que combina con libertad la información que circula por los medios, tanto nuevos como tradicionales, para crear algo nuevo. “De todas formas, la originalidad no existe, solo la autenticidad”, declaró en un comunicado publicado por su editorial tras el estallido del escándalo.

Y aquí, la escritora casi acertó en lo que se ha llamado la intertextualidad, aunque no sé si con conocimiento de causa o simplemente fue una simple casualidad, ya que, en efecto, la intertextualidad se define como la relación que un texto establece con otros textos, ya sean anteriores o contemporáneos, a través de referencias, alusiones, citas u otros mecanismos. Es un concepto clave en la teoría literaria que permite analizar cómo las obras se influyen mutuamente y cómo el lector puede comprender el contexto histórico y cultural de un texto. 

El concepto de intertextualidad se debe al filólogo ruso Mijaíl Bajtín, quien durante el segundo tercio del siglo xx publicó una serie de trabajos sobre teoría de la literatura. Pero sus ideas se conocieron en Europa occidental hasta años después de su aparición, cuando fueron divulgadas en el ambiente intelectual francés por un círculo de pensadores búlgaros, a finales de los años sesenta, entre ellos Tzvetan Todorov y Julia Kristeva, quien acuñó el término de intertextualidad en el año 1969.

Respecto a todo este escándalo, en el sitio www.literaturkritik.at se lee:

 

En tiempos en que la intertextualidad se considera una cualidad importante de los textos literarios, se requiere un enfoque algo audaz para provocar una ola de indignación, como lo hizo la novela debut de Helene Hegemann, Axolotl Roadkill. Se supone que la obra es la novela prototípica de una generación, lo cual resulta un tanto sorprendente porque no cumple con los estándares académicos. Lo que el autor ofrece aquí no es revolucionario ni en su forma ni en su temática, sino que sigue claramente la tradición de la literatura popular, con su lenguaje rudo y exagerado, que trata las aventuras de una juventud aburrida y privilegiada económicamente y su fetichismo por las marcas, que no logra llenar un vacío interior, al igual que el consumo de drogas y el sexo. La naturaleza violenta del lenguaje simplemente se ha elevado a un nuevo nivel, pero no se ha reinventado. Sin embargo, las publicaciones de arte coinciden: aquí se ha creado “literatura grandiosa e inolvidable”, obra de un “talento literario prodigioso”.

La obra de Hegemann provocó un debate fundamental sobre la intertextualidad y la legislación sobre derechos de autor, un debate largamente esperado en la era de Google Books y una joven generación de autores criados con el "copiar y pegar". Así, surgieron dos frentes: los defensores del método de trabajo de Hegemann y quienes lo atacan. La editorial intentó un giro elegante y prologó las nuevas ediciones con la siguiente declaración: "Esta novela sigue el principio estético de la intertextualidad en algunos pasajes y, por lo tanto, puede contener más citas". De repente, el tema era la intertextualidad, un proceso que siempre se ha utilizado, que Julia Kristeva bautizó y que se ha convertido en una importante característica del posmodernismo. El hecho de que una editorial se sienta obligada a nombrar este proceso literario es revelador y no augura nada bueno.

A raíz de Axolotl Roadkill, se desarrolla un discurso que revela una profunda incertidumbre en el mundo literario establecido, frente a los rápidos cambios del mercado. También se evidencia el temor a la próxima generación de autores, a quienes se acusa de lo siguiente: “Copiar sin el consentimiento y sin nombrar al creador intelectual a veces se considera una ofensa menor por parte de las generaciones más jóvenes, en particular debido a la falta de conocimiento sobre el valor de los logros creativos”. (Asociación de Escritores Alemanes). Se insta a toda la élite literaria, y por ende, a todos los críticos, a "condenar claramente el robo intelectual". Queda por ver cómo responderá la crítica literaria a este llamado en el futuro. Es muy probable que la intertextualidad o el plagio no sean la cuestión decisiva que quede pendiente del "caso Hegemann". Mucho más trascendental es la cuestión de qué actitud está adoptando y adoptará en el futuro la élite literaria frente a las nuevas condiciones de producción y distribución.

 

Ha quedado claro que la intertextualidad y el plagio son conceptos relacionados pero diferentes en los ámbitos literario y académico. La intertextualidad se refiere a la relación que un texto tiene con otros textos, mientras que el plagio implica copiar o imitar el trabajo de otros creadores sin darles crédito. Estimados lectores, ustedes ¿qué opinan?

 

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“pálido.deluz”, año 14, número 178, "Número 178. Educadores indisciplinados. (Julio, 2025)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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