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Viernes, Junio 05, 2026

Como cada vez, desde el 2008 que me suscribí al ambientalismo mexicano, he asistido motivado por el maestro Tonatiuh1 a los congresos donde se discute la vida, esperando encontrarnos para construir mejores preguntas, porque las actuales ya no cuestionan lo real, ya solo separan las realidades, rompiendo cada vez más la unión y olvidando que fue la unidad el motivo principal de cuestionarnos.

Considero que la emergencia de la crisis ambiental y civilizatoria no solo se ha generado y agravado por el modelo de producción extractivista, mercantilizado y enajenante, sino que también, han contribuido a estas crisis nuestras respuestas a preguntas que pareciera siguen siendo las mismas, porque siguen siendo los mismos que preguntan. Respuestas, preguntas y preguntones que han sido rebasados por la izquierda con las mejores intenciones educativas y formativas a favor de la vida, pero también, rebasadas por la derecha, con intenciones gandayas al cerrar el paso, echar la lámina o adelantarse en la fila para avanzar más rápido que los “otros”.

Las contradicciones llaman la atención. Al ver el programa del Cuarto Congreso Nacional de Educación Ambiental para la Sustentabilidad (CNEAS) me emocioné, pues vi que había ponencias de trabajos colaborativos, que estaban siendo investigados por grupos de personas en diversas partes del país y del mundo. Aparecían nombres de investigadores incluso repetidos al mismo tiempo en varios salones de presentación, así es que me emocioné más pues imaginé que estaría en un congreso con seres omnipresentes. Sin embargo, como siempre la realidad se opuso a lo real porque, aunque el programa estaba lleno de nombres omnipresentes, las contradicciones prevalecieron, al haber salones con más cupo que ocupantes, más estudiantes que retroalimentaciones e investigadores con más constancias que preguntas.

Me preocupa que lo que se recuerde para la posteridad del ambientalismo actual, es que entre el “nosotros”, el “otro” no se convierta en parte del “yo” como sabiamente lo dijo mí querido tocayo Meixueiro2 en la presentación del libro “Representaciones sociales de la vejez en el cine”, en la UPN 095 en la CDMX. Es decir, me preocupa que el “otro” siga siendo ese “otro”, lejano, desconocido, descalificado, diferente, novato o principiante en el campo de la educación ambiental y no le abramos la puerta para integrarse al “yo”.

Un “yo”, que como narró el maestro Meixueiro en la experiencia con su abuelo, reconozca y abrace con amor al “otro” y se terminen diluyendo y reconfigurando las fronteras de las esferas del desarrollo personal que menciona Sauvé (2003), emergiendo y erigiéndose en nuevas dimensiones que enfoquen nuestro objeto de estudio de la educación ambiental más allá de la red de relaciones, donde ya no los círculos concéntricos, sino la dimensión del “nosotros” se fortalezca, con la capacidad para poder albergar la comunión amorosa y pacífica del “yo”, donde “mí” “otro”, “mis otros” estén a salvo de nuevas formas de explotación en el mundo del “nosotros”.

Una unidimensional en la que, como dijo Felipe Reyes3 en este cuarto congreso de la ANEA, el método sea el diálogo, donde re-aprendamos que el silencio también es una forma de escuchar, como acto imprescindible en el tejido del nosotros y donde la soledad se convierta en un proceso de desconexión-reconexión, que de manera recursiva resiliencie nuestras formas de ser en el mundo.

Una nueva dimensión que, retomando las palabras de José Antonio Caride4, en la primera conferencia magistral de este cuarto CNEAS, nos permita desarmar el pasado para re-construir la dimensión de la vida. Reasignando valor humano, valor creativo, valor subjetivo ahí donde dijo Marx que no había valor de cambio.

De todo se aprende, por eso de este cuarto CNEAS me voy feliz y con preguntas que espero aporten al dinamismo de la complejidad del campo de la educación ambiental: ¿cómo educar en tiempos de emergencia climática?, ¿cómo educar en la emergencia sin que la educación ambiental se convierta solo en una educación de la “mochila de emergencia”, que como en un sismo, sea la primera que hay que tomar al evacuar los edificios, pero que al regresar a la normalidad, y pasar la catástrofe (Stengers, 2024), realmente y desafortunadamente, más tarde o más temprano, regresemos a esa normalidad enajenante?, ¿cómo educar en la emergencia sin que la educación ambiental se convierta solo en una educación de ambulancia, que acuda al lugar solo cuando recibe el llamado de la desgracia, ocupándose de trasladar a los caídos y, que al ser recibidos para su atención, se retire y atienda la siguiente emergencia?, ¿cómo educar sin que la educación ambiental se convierta solo en una educación de camilla, aquella que todos quisieran tener lista en caso de emergencia, pero que nadie la quisiera utilizar?, ¿cómo educar en la emergencia sin que la educación ambiental se convierta solo en una educación salvavidas, que se aviente al océano de la catástrofe sin la certeza de saber si, quienes están dentro, quieren ser salvados, o si podrá salir con vida, la propia y la de otros?.

O visto en una dimensión transdisciplinaria y compleja (Morin, 1990, 1997, Nicolescu, s.a.), ¿cómo educar para que la educación ambiental sea mochila, ambulancia, camilla y salvavidas, es decir, sea un combo para la vida, que apuntale el desarrollo humano y brinde posibilidades de respuesta ante la necesaria y justificada diversificación de los escenarios tan cambiantes, volátiles y líquidos (Bauman, 2003) que presenta nuestro presente?

En otras palabras, una educación ambiental retadora, polimórfica, adaptable, transformativa y transformadora, multilineal, abarcativa, crítica, subjetiva y humana, contextual y diversificada. Una educación ambiental que, en palabras de Blanca Gutiérrez, en la segunda conferencia magistral de este cuarto CNEAS, necesita descolonizar desde la lengua que produce y nos produce, cuestionando el todo, por todo y para todo, generando y abrazando diversidad, fortaleciendo las experiencias y evitando las visiones causales y favoreciendo visiones más complejas y subjetivas de la realidad.

Una educación ambiental que incluso nos permita pensar en nuestro obituario, que parafraseando a Chul Han (2024), nos permita opacar el miedo de la muerte con la esperanza y, como documenta Victor Toledo (2014, 2015), con proyectos de vida y no de muerte. Agradezco a Felipe Reyes por sembrar en mí, conmigo y en el nosotros, las semillas de la esperanza. Y quiero cerrar esta reflexión en dos vías. Primero compartiendo el obituario que germinó en nosotros en el taller de la descolonización:

OBITUARIO: Armando Zamora Quezada

Nació en Ixmiquilpan, Hidalgo el 26 de julio de 1981. Fue el segundo de siete hermanos que vivieron su infancia entre la tierra del campo, el ganado del establo y la fiesta de su pueblo. Fue un admirador de las estrellas, que con sus destellos en las noches hidalguenses le llenaban los ojos de luz e iluminaban su imaginación.

A los 19 años migró a la Ciudad de México y, cuando llegó, le pareció que ese lugar tenía más destellos que las estrellas del cielo y se maravilló.

Intentó aprender la forma en que la gente de la ciudad admiraba otros destellos, el del semáforo, el de los focos, el del metro cuando viene a lo lejos por el andén. Pero también encontró que había otros destellos que los maravillaban más que los anteriores, el destello de los autos, las joyas, los lujos, las constancias o los títulos universitarios.

Armando Zamora ¡Ha muerto! Y no una, sino varias veces. Murió cuando salió de Hidalgo, pero renació como citadino, murió cuando terminó la licenciatura en la Escuela Normal Superior de México, pero renació como profesor de educación básica, murió cuando terminó la Maestría en Educación Ambiental en Universidad Pedagógica Nacional, pero renació como educador ambiental.

Lo bueno de morir en más de una vez, es que cada vez que renació, aprendió:

- que existe una gran diversidad de destellos, pero que somos más los destellados.

- que podía re-vivir el presente, perdonando y dejando en la muerte lo pasado.

- que las familias fueron los destellos más hermosos que la vida le pudo dar.

- que los destellos hidalguenses los llevaba en el corazón, como antorcha de luz que iluminan su caminar.

- pero sobre todo, aprendió que todos los destellos son legítimos y, que de no abrazar la diferencia, le hubiera ganado la razón al corazón.

La paradoja de la vida es que se necesita morir para re-nacer y él, solo dejará de re-nacer cuando los días y las noches no tengan más destellos y, en la tierra, el establo y su pueblo, no hayan más destellados.

Por lo anterior, para Armando Zamora no era importante la fecha de su muerte, sino lo realmente ocupante para él, fue que al morir tuviera más experiencias de vida que años de edad.

Y la segunda, a manera de conclusión y coincidiendo contigo Felipe, que en el campo, el campesino siempre apuesta por más de una semilla en la siembra. Poniendo de dos a tres semillas en cada hoyito, no porque no confíe en las condiciones de posibilidad individuales de una semilla, sino porque además, sabe que la semilla más apta germinará, pero que lo más importante del proceso es que las otras dos semillas al ver su realidad, cederán su espacio, su tiempo e incluso su ser biofísico, para abonar en favor del “nosotros” en el sentido de especie.

Como educadores y particularmente como educadores ambientales retomemos la hermosa analogía de las semillas en la siembra y hagamos germinar al ser sustentable que existe en el ser humano (Zamora, 2017). No solo cediendo, sino creando los espacios de posibilidad, para los estudiantes o nuevos en el campo, para que, como el cambio que se hace antes de que termine un partido, esta transformación o cambio represente un reconocimiento a los mejores jugadores en la cancha. Sigamos contribuyendo a la construcción de este sentido de especie y no de manera “especial”, “especializado” e “individualista” para el obituario de la educación ambiental de nuestro tiempo.

Gracias a las y los estudiantes de Biología de Puerto Vallarta por el ejercicio de escuchar y ser escuchados, por los excelentes carteles y por arriesgarse a la aplicación social de la ciencia.

Gracias a los ponentes y autores por compartir y ampliar la dimensión del nosotros con sus miradas investigativas e intervenidas.

Gracias a los artistas que con sus vibras lograron estremecer nuestras emociones.

Gracias al staff y a los anfitriones de la UDG por compartir sus carreras para la logística del evento y llenar nuestros jarritos con algo más que su sonrisa y generosidad.

Gracias a Elba Castro5 y a Javier Reyes6, que por tantos años de conocerlos y leerlos, ya me siento como en casa.

Gracias a todas y todos por ser y estar en esta maravillosa forma y experiencia de vida de la Educación Ambiental.


Guadalajara, Junio, 2025



Referencias

Bauman, Z. (2003) La modernidad líquida. FCE.

Han, B.-C. (2024). El espíritu de la esperanza: contra la sociedad del miedo. Herder Editorial. 

Morin, E. (1997) La mente bien ordenada. Repensar la reforma, reformar el pensamiento. Siglo XXI.

_____ (1990) Introducción al pensamiento complejo. Gedisa.

Nicolescu, B. (s.a.) La transdisciplina. Manifiesto. Monaco: Du Rocher

Ramirez, T., Meixueiro, A. (2025) La vejez en el cine. Representaciones sociales en filmes clásicos y contemporáneos. La Zonámbula/Orendain.

Sauve, L. (2003). “Perspectivas curriculares para la formación de formadores en educación ambiental”, en Memoria del Primer Foro Nacional sobre la incorporación de la perspectiva ambiental en la formación técnica y profesional. Universidad de San Luis Potosí, del 9 al 13 de junio.

Stengers, I. (2024) En tiempos de catástrofes: Cómo resistir a la barbarie que viene. Ned Ediciones

Toledo, V. y Ortíz-Espejel (2014). México, regiones que caminan hacia la sustentabilidad. Una geopolítica de las resistencias bioculturales. Universidad Iberoamericana Puebla.

_____ (2015). Ecocidio en México. La batalla final es por la vida. Grijalbo.

Zamora, A. (2017) Veredas en educación ambiental. Camino a la sustetabilidad. La Zonámbula.

1 Dr. Rafael Tonatiuh Ramírez Beltran, es escritor, docente y coordinador de la Maestría en educación ambiental de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 095, en la CDMX.

2 Maestro Armando Meixueiro Hernádez, escritor y docente en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 095, en la CDMX.

3 Dr. Felipe Reyes Escutia es biólogo y educador ambiental mexicano. Miembro de la Academia Nacional de Educación Ambiental 

4 Dr. José Antonio Caride es catedrático de Pedagogía Social en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Santiago de Compostela.

5 Dra. Elba Aurora Castro Rosales es Profesora e investigadora y coordinadora de la Maestría en Educación Ambiental de la Universidad de Guadalajara y Presidenta de la ANEA.

6  Dr. Francisco Javier Reyes Ruíz es Profesor-investigador de la Maestría en Educación Ambiental de la Universidad de Guadalajara.

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Daniel Pennac Mal de escuela

El timbre de las 8

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández

Mentes Peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández

Mirador del Norte

“pálido.deluz”, año 14, número 178, "Número 178. Educadores indisciplinados. (Julio, 2025)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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