Con todo y que la UNAM está abierta a todo el que quiere estudiar, hay carreras que solo están destinadas a cierta clase social. Me explico. A principios de los años setenta, influenciado por un familiar, cursé dos años de la carrera de arquitectura, misma que debí abandonar debido a que los materiales de dibujo y diseño eran muy costosos para el bolsillo de la familia.
Para empezar, debía contar con una mesa para elaborar mis tareas de dibujo y diseño, mueble al que todavía no sé por qué se le conoce como restirador. Debo aclarar que en ese entonces mi padre trabajaba como jardinero, y en ocasiones como camillero, en el Hospital Francés, ubicado en la calle Niños Héroes en la colonia Doctores. Y fue allí donde conoció a gente importante. Y entre ella al arquitecto Mario Pani, creador del conjunto habitacional Tlatelolco. Se preguntarán ¿y eso qué tiene qué ver con la carrera de arquitectura? Pues que mi padre, al ver los trabajos que pasaba para hacer mis dibujos, se atrevió a pedirle al citado arquitecto un restirador que ya no usara.
Así que un día, aún no sé cómo le hizo, mi progenitor llegó a casa con una mesa cuadrada, cuya cubierta estaba muy deteriorada: el barniz levantado, los bordes astillados y además de que no se podían ajustar ni la inclinación ni la altura, como es característica de los restiradores. Al final el citado “restirador lo usamos para hacer otras actividades, menos cono como mesa para dibujar.
Un nuevo intento
Después de mi frustrado paso por la en ese entonces Escuela Nacional de Arquitectura, tuve que hacer examen para ingresar nuevamente a la UNAM, esta vez para inscribirme en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y cursar la carrera de Ciencias de la Comunicación. Como urgía colaborar económicamente con la familia, mi padre nuevamente quiso ayudarme a conseguir empleo. Estaba en el quinto semestre de la citada carrera cuando me consiguió una entrevista con Juan Ruiz-Healy (hermano de Eduardo) conductor de un noticiero en el desparecido Canal 8 de televisión. La cita la consiguió a través del padre de los comunicadores, el doctor Fidel Ruiz-Healy. Total, asistí a la cita programada, todo para que al final me dijera que me aceptaría, pero sin sueldo alguno. No acepté. Hecho del que después me arrepentí, pero en ese entonces urgía llevar dinero a casa.
Mi encuentro con un importante filósofo
Frente a ese fracaso, entonces mi padre acudió a Salvador Reyes Nevares para pedirle que me ayudara a conseguir empleo. Cuando me entrevisté con Reyes Nevares ignoraba que era un filósofo muy importante. Fue mucho tiempo después cuando me enteré que pertenecía al círculo filosófico mexicano bautizado como Grupo Hiperión. En ese grupo también estaban Leopoldo Zea, Emilio Uranga, Luis Villoro (padre del escritor Juan Villoro, quien le rinde un homenaje en el libro La figura del mundo, historia de mi padre), Jorge Portilla (padre del escritor y catedrático Jorge Portilla Livingston, con quien tuve largas conversaciones sobre el catolicismo cuando coincidimos en la edición de la Gaceta de Solidaridad), Ricardo Guerra, Joaquín Sánchez Mc Gregor y Fausto Vega.
Al final, Reyes Nevares tampoco pudo ayudarme a conseguir el ansiado empleo. Pero estos recuerdos son un breve homenaje a don Alberto, nuestro padre, ejemplo de honestidad, responsabilidad y esfuerzo. Su único vicio fue el beisbol.
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