La idea despolitizada de que la representación política es como si uno, en lo personal, estuviera ahí y no, como es en una democracia, que nuestros representantes no nos representan en lo individual, sino en lo colectivo. De ahí el interés general, de la nación, o del futuro compartido. La contaminación que la sociología ha hecho de la política es, en menor escala, igual de perniciosa: tener representantes por grupo de interés o comunidad que sólo ve por lo que tiene en sus proximidades le da a la política un carácter de reparto de recursos materiales y simbólicos. Lo que representan diputados y senadores no es a cada grupo con fuerza organizativa, sino algo que no es divisible y que se llama interés general. No es una suma de demandas, sino una idea de comunidad y de continuidad en el tiempo, en el futuro.
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