I
César Labastida Esqueda está levantando al muerto en su casa. Él le llama así a recoger un poco el desorden nocturno del día anterior: hacer la cama, lavar algunos trastes, acomodar objetos, etc. Mientras hace esa faena, escucha La mañanera, la forma de comunicación explícita y directa del gobierno federal.
Ante pregunta expresa, la presidenta contesta que México sí va a pagar el agua que debe a los Estados Unidos, de acuerdo con el tratado de 1944, pero no inmediatamente.
César Labastida, entrenado en salones de clase de manera sistemática y acostumbrado a situar conocimientos y aprendizajes, se pregunta: ¿no era ese el mundo de la Segunda Guerra Mundial, que terminó un año después? ¿Cuánto ha cambiado el planeta desde ese año? ¿Todos los acuerdos –incluidos los de libre comercio- se han cumplido a cabalidad?
II
En septiembre del 2017, en un Congreso de Educación Ambiental realizado en Vancouver, Canadá, el profesor Labastida y sus colegas, conocieron una joven y lista estudiante que, aunque mexicana, llevaba en su acreditación el nombre de otro país. Esa nación era en la que había obtenido su formación de posgrado y la que la financiaba. Le preguntaron qué estaba investigando y dijo desenfadadamente: “Educación ambiental y decolonialidad”.
Desde esa fecha la palabra Decolonialidad, que se define como una perspectiva crítica y un movimiento social que busca desmantelar las estructuras de poder, conocimiento y ser impuestas por el colonialismo europeo, proponiendo alternativas que parten de las experiencias de los pueblos subalternizados para construir un mundo más justo, plural y autónomo (IA, 2025), crecía y se expandía en diversas disciplinas científicas y artísticas.
Tal vez sea, porque el colonialismo también creció en la realidad, comentaron en los pasillos de aquel congreso, los académicos y la chica mexicana acreditada por Australia. “Y también”, alguien agregó, “porque este capitalismo se ha vuelto más voraz y cínico. Lo que fue mucho tiempo una de sus virtudes consistió en ocultar esas realidades, hoy ya se vuelve poco probable, por la cantidad de información disponible. Y por eso el descaro. La voracidad es por lo que tienen que consumir según los dictados del estilo de desarrollo, consumir bosques, selvas, cuerpos de agua, mares, gas, petróleo, litio, etc.”
III
“El saqueo de la naturaleza no solo es del agua y menos con la amenaza de los aranceles”, piensa César Labastida mientras está leyendo el periódico dónde se revela el regreso de la piratería, aquella que en el golfo y en el caribe construyó ciudades amuralladas:
El gobierno de Venezuela denunció este miércoles el “robo descarado” de un buque petrolero en el mar Caribe por parte de fuerzas militares estadunidenses. Caracas califica esta acción, confirmada más temprano por el propio presidente Donald Trump, como “un acto de piratería internacional ( La Jornada, 11 de diciembre de 2025).
“Agua, Petróleo, litio, tierras raras… la lista siempre creciendo según se necesite y lo que le puedan extraer a las naciones colonizadas; es la racionalidad ambiental dominante del mundo contemporáneo que no deja de ser imperialista. Las formas pueden ser distintas; la irracionalidad no.” Concluye un pesimista Labastida, que vislumbra un panorama complicado para Latinoamérica.
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