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Jueves, Mayo 14, 2026

La educación en México no ha sido la ventana o plataforma para ser un país competitivo en este mundo global. En todos los subsistemas hay graves carencias que se convierten en la mera certificación de los estudiantes (que, aparentemente, resuelven el problema de la eficiencia terminal) o en el ejercito de ciudadanos para insertarse en el mundo laboral – casi siempre informal- de acuerdo con el nivel al que hayan llegado.

Si lo vemos desde la perspectiva que señala, a mayor educación, mejores empleos y remuneración, seguramente nos encontraremos con falsos resultados: en un mundo capitalista – aquí y en prácticamente todo el orbe- es común observar que gente con menos escolaridad, eventualmente, obtiene los mejores empleos y llegan a dirigir las empresas familiares, sin mayor problema: eso, por supuesto, no es una regla, aunque tampoco es una excepción tan notable. Lo real, es que la escuela, el conocimiento -o, al menos la certificación- no han sido la llave maestra para ecualizar a la sociedad. Cuando esta se desarrolla y convive con estándares adecuados en los que cabe la equidad y la justicia de manera solvente (diferencias, siempre van a existir), el acceso a los bienes de la mentada civilización se traduce en disminución de la violencia, tolerancia a los pensamientos diferentes y, en general, a estatus más humanos para un gran porcentaje de la población, como en los países nórdicos.

Si de por sí, nuestra educación ha mostrado carencias notables, se acentuaron durante la pandemia del 2020 – 2021: estudiantes que perdieron dos años de socialización y aprendizajes importantes en su formación: niños que leen mal; no resuelven problemas matemáticos elementales; les cuesta trabajo convivir; y conocen muy poco de los entornos naturales y sociales próximos y lejanos.

Jóvenes que accedieron a la secundaria, al bachillerato o a licenciatura con apenas un año real cursado en los respectivos niveles precedentes: escasa comprensión lectora, dificultad para expresar con claridad ideas por escrito o de manera oral. Así, cada nivel va recibiendo los rezagos derivados de la pandemia y un plan más paliativo que sustancial.

Pero, realmente, es un problema que viene de muchos años antes, en el que también influye la poca articulación entre os niveles, lo que muestra que el Sistema Educativo Nacional, es solo un membrete sin una filosofía educativa pertinente que permita tener una visión de la educación que se concrete en mejores estudiantes, profesionales y ciudadanos a futuro.

Toda la educación requiere una cirugía profunda y no solo paliativos que no sanan sino, si acaso, contienen las hemorragias, pero no van a las causas. Seguimos en condiciones de terapia intensiva con atención de paramédicos.

Que si los maestros, que si el sindicato, que si los medios, que si los poderes fácticos, que si la familia, que si el entorno violento, que si la falta de una auténtica democracia, que si los planes y programas, que si…

Esas singularidades no se deben soslayar, todas, y muchas más, deben ser consideradas. Se entiende, no es fácil con tantas inercias acumuladas, intereses y resistencias al interior y exterior del estado: las soluciones., más que de carácter educativo tienen y han tenido un barniz o fondo político. Son ejercicios de poder que intentan mostrar la voluntad de cambio, pero las cosas siguen igual, y mucho me temo que seguirán. La Nueva Escuela Mexicana, tiene aciertos por cuanto, a colocar a la comunidad escolar y los estudiantes, al centro, pero sus formas operativas y la realidad en la diversidad difícilmente arrojará resultados de alto impacto. ¿Cuántos planes, proyectos y reformas han existido? ¿Qué tanto han resuelto? Es poco el tiempo para valorar sus alcances reales. Veremos. Más ello no impide ver y reflexionar acerca de algunas de las medidas que ha tomado el gobierno actual. Veamos una de ellas en particular:

El anuncio del nuevo modelo de bachillerato nacional es algo que varios hemos señalado como una necesidad. México cuenta con treinta y dos modalidades de bachillerato (como ningún otro país en el mundo) lo que resolvería (esa fue de las tesis centrales para llegar a semejante galimatías) situaciones contextuales fundamentales. Me explico: Se suponía que Baja California al tener un contexto social, cultural, natural y de desarrollo distintos a los de Nuevo León, por ejemplo, requería ciertos bachilleratos ligados a su realidad: hasta ahí, todo bien, pero, al no haber una articulación ni estudios serios acerca del capital humano, la calidad de cada programa y los recursos necesarios para emprender semejante tarea, los distintos bachilleratos se convirtieron no en filtros, sino en una especie de coladeras por las que se coló de todo: por supuesto que hubo y hay bachilleratos de alta calidad, pero en la mayoría certificaron estudiantes con notables carencias en su formación.

Con mi experiencia como maestro en la UPN y, sobre todo, en la Normal Superior de México, en la que llevo laborando veintidós años, puedo, empíricamente, sostener que mucho del éxito o fracaso de los estudiantes en la licenciatura, se deriva del bachillerato que proceden. Las habilidades para comprender un texto o para elaborar algún ensayo o investigación se convierten en un hándicap para quienes no cursaron un bachillerato de buen nivel. Los estudiantes que proceden de instituciones como la UNAM, el IPN o el Colegio de Bachilleres, así como aquellos que estudiaron en alguno particular reconocido ingresan, en lo general, con aptitudes y destrezas que permiten conferir significados importantes a las sesiones y a los cursos.

Lo explicado en los dos párrafos precedentes, bastaría para recibir con beneplácito el anuncio de un nuevo modelo de bachillerato que coloque a todos los estudiantes en una plataforma similar, equitativa y justa. No obstante, no todo se resuelve por decreto o con un anuncio espectacular.

Hay muchos problemas que hay que atender, si en verdad se requiere atender este nivel educativo (el más complicado y el filtro más infame) para acceder al ideal hasta que se traduzca en acción educativa permanente y eficaz.

Con una matrícula de más de cinco millones de estudiantes de bachillerato a lo largo y ancho de la república, se pretende vincular los conocimientos a las necesidades reales del mercado laboral, proporcionar una visión científica y humanista. Y claro que es importante que “Los jóvenes se sientan bien en su escuela” como afirmó Sheinbaum y que se vincule a lo que se hace en la secundaria (no se dice ni se sabe cómo), como también explicó. Si no se tiene el capital humano requerido, un verdadero plan maestro y los currículos (por más consultas que dicen haber hecho con distintos sectores universitarios) no queda claro de qué manera, de la noche a la mañana, los maestros de los diferentes bachilleratos del país estarán capacitados para brindar con calidad cursos como los de educación socioemocional, por ejemplo.

Por supuesto que se requiere una unificación, y saber inglés, matemáticas y poseer una mayor cultura humanista, técnica y científica. Se requiere, pues, acabar con esa horrible desigualdad en el bachillerato; pero, antes, se requiere incrementar el presupuesto educativo, abrir a concurso plazas en los distintos bachilleratos, capacitar a los maestros, otorgar insumos tecnológicos e informáticos de ultima generación, con internet de alto rango, pagar mejor a los maestros (muchos de los profesores de bachillerato están entre los peor pagados del país), otorgares certeza laboral y no simples contratos por horas.

Se tienen las metas y el discurso. No así el entramado curricular, laboral, de capacitación, de vinculación abajo (secundarias) y arriba (universidad y mercado laboral), de insumos efectivos y recursos económicos que permitan potenciar la reforma anunciada. Puede ser bueno, pero si no hay una verdadera integración, diseño, supervisión de la comunidad académica y foros reales (no entre cuates) para evaluar de manera profunda sus resultados podríamos quedar peor, al pensar que ya se hizo lo que se tenía qué hacer por el bachillerato y solo hay que esperar que transcurra el tiempo. Ya veremos si queda en maquillaje y discurso político o si hay la voluntad política y los recursos de todo tipo para trascender hacia la solución de los problemas de uno de los filtros sociales por excelencia: el bachillerato.

Sacapuntas

John Saxe-Fernández
Jorge Marín

El timbre de las 8

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La Clase

Alejando González Iñárritu

Educación Ambiental

Mentes Peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández

Mirador del Norte

Tarea

Angelina Muñiz – Huberman
Abelardo Castillo
José Luis Mejía
Horacio Quezada Moreno
“pálido.deluz”, año 14, número 179, "Número 179. El ocaso de la escuela. (Agosto, 2025)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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