I
Hasta hace unas décadas, ser profesor de primaria o secundaria en México brindaba un aura de protección especial. El señor de la tienda, el boletero, el taxista, la casera, la señora del mercado, toda la gente te saludaba con respeto y consideración. ”Profesor”, por aquí; “maestro”, por allá. Los 15 de mayo los docentes regresaban a sus hogares cargados de regalos, modestos, pero significativos.
El tiempo, el implacable (sí, estoy plagiando descaradamente a Pablo Milanés) hizo lo suyo y la socialdemocracia que tanto mal y poco bien hizo por México desde la implantación de la Revolución como gobierno, dio paso a su hermano horrendo, el neoliberalismo, esa forma de capitalismo sin máscaras ni excusas que rige el mundo hoy.
II
No es de extrañar, entonces, que el neoliberalismo haya traído el desplome de la inversión en educación en México, que incluyó pagos a maestros, abandono de escuelas, agotamiento de infraestructuras. Con el pretexto de la crisis económica y ajustes estructurales, De la Madrid y Salinas debilitaron el estado orientado socialmente, además de que se realizó una reconfiguración corporativa den SNTE, quien luchaba por mantener sus conquistas.
Se establece entonces una figura para despojar a los docentes de esa “figura moral” que había sido clave en el modelo posrevolucionario y se procede a caracterizarlo como un actor político más, un sindicalizado detentador de ganancias inmorales, inmerecidas, y se privilegia en medios y discursos la figura del profesor como burócrata protegido, flojo, ignorante y clientelar.
III
Lo que podría haber de cierto en este nuevo estereotipo no toma en cuenta que los profesores también fueron sometidos a una embestida de salarios destrozados por la inflación, de grupos cada vez más grandes, de programas de estudio cada vez menos interesantes y más dedicados a que el alumno aprendiera cositas, no a pensar, no a desarrollarse.
Los medios de comunicación del momento, y sus herederos multimedia, centraron la cobertura de su información ya no en los logros, que siguió habiendo, y muchos, sino en huelgas, marchas, movilizaciones, bloqueos. El profesor ahora es un tipo flojo, conflictivo, profundamente ignorante que es incapaz de realizar un trabajo que la población empieza a percibir como sencillo, repetitivo.
IV
Y un mal día, un día maldito, los profesores despertaron con la novedad de que ya no eran docentes, sino facilitadores.
V
En la televisión, que tan triste trabajo ha tenido como formadora de conciencias, el profesor Jirafales, o la maestra Canuta, caricaturizaciones sangrientas de personajes rígidos, ritualistas, inútiles, simples pastores de niños.
En el cine, los profesores se ven despojados del heroísmo y apostolado que los acompañó en la “época de oro”. En cintas como De panzazo, que hace referencia a lo mínimo para pasar de año, se responsabiliza al maestro de un sistema educativo cada vez más neoliberal y fallido; en Radical, el profesor destaca porque es diferente de la norma, porque se crece ante la adversidad y no le importa que su vida se torne miserable. En las cintas de este periodo, el profesor está rebasado por el contexto social, del que de alguna manera se le culpabiliza, se sabe no solo parte, sino causa preponderante de un sistema ineficiente y solo funciona cuando rompe la norma y la solidaridad con su gremio.
VI
En los lejanos dosmiles, con El maestro equivocado, Rafael Tonatiuh Ramírez, Armando Meixueiro, otros profesores y profesoras, entre los que me contaba, participamos en una novela que resultó en una aventura en forma (más o menos) de cadáver exquisito que se convirtió, si no en un referente del tema (por falta de difusión al tratarse de una edición independiente) sí en documento toral que narra esta realidad en el ambiente universitario.
VII
Se pretende, con el cambio nuevamente a la socialdemocracia morenista liderada por los presidentes López Obrador y Sheinbaum, revalorar de alguna manera la imagen del docente. Sin embargo, esto se queda en poco más del discurso pues salvo cierto reconocimiento simbólico, persiste el estereotipo negativo y los profesores, de todos los niveles continuamos sumidos en conflictos laborales debido a injusticias sistémicas que al gobierno no le interesa solucionar.
De tal manera, la imagen del docente en el imaginario popular sigue siendo la de huevones que trabajan unos cuantos meses al año, tienen muchas vacaciones y, en resumen, no hacen nada, o casi.
Epílogo
Mientras persistan problemas estructurales como la masificación escolar, los bajos salarios (sobre todo en algunos tipos de profesores), la burocratización del trabajo docente, que incluye llenarnos de la obligación de hacer informes y otras actividades no ligadas con la docencia, y una evidente crisis de autoridad en las aulas, la situación ira a peor.
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