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Viernes, Junio 05, 2026

I

César Labastida Esqueda ha intercambiado su vida por impartir clase. Es lo que —se dice— mejor le sale. No se arrepiente de dejar su vida en los salones de clase.

En la docencia encontró no solo el sentido de su existencia profesional, sino como en ningún otro espacio, al ser humano con todas sus dimensiones: la humildad, empatía, gratitud, servicio, coherencia y grandeza, y también sus contradicciones, con destellos, a veces atroces, de rencor, apatía, traición y resentimiento social.

Durante mucho tiempo, en su práctica docente, percibió mucho más las características humanas gratificantes, solidarias, alegres y de aprendizajes concretos, por eso se enamoró del oficio y fue feliz durante décadas, compartiendo sus conocimientos en las aulas.

Pero de un tiempo para acá las cosas muestran el otro lado cruel de la moneda. Este cambio tiene múltiples raíces y aristas: gobiernos, redes sociales y medios de comunicación que se ensañaron por años con profesores; disminución de la inversión en educación hasta dejar en el olvido las escuelas de todos los niveles; padres de familia que rebasaron la línea técnica pedagógica y enfrentaron a profesores; autoridades apáticas que se excluyeron de acompañar procesos educativos; la implacable pandemia y sus consecuencias —que nadie quiere ver ni reconocer— y estragos en los estudiantes; alumnos que creen fanática y adictivamente en las redes sociales, en las aplicaciones digitales y en la inteligencia artificial y que consideran que ahí obtendrán todo sin mucho esfuerzo, sólo con tocar su celular; freno a la movilidad social ascendente, por grado de estudios obtenidos, y otras exquisiteces que han puesto a la educación al borde del precipicio.

En este contexto, las confrontaciones en las escuelas se volvieron el pan de cada día: Maestros vs maestros; Autoridades contra maestros; Padres de familia contra maestros; estudiantes…en fin, todos contra todos. El clima laboral en las escuelas descendió a una frialdad y gelidez, que congela las relaciones humanas.

La docencia comenzó a convertirse en un oficio de alta peligrosidad. Los maestros se sienten amenazados de muchas maneras. Pero las cosas siempre pueden empeorar. El profesor César Labastida lee en el periódico El País (25 de marzo del 2026) una nota que lo estremece:

Osmer H., el adolescente de 15 años que mató a dos profesoras de su bachillerato en Lázaro Cárdenas, en Michoacán, puede enfrentar una pena máxima de tres años en un centro para menores por los delitos de homicidio doloso y posesión de armas de uso exclusivo del Ejército, el fiscal que lleva el caso, en aplicación de la ley para el caso de menores de 14 a 15 años. El atacante, que se exhibió en Instagram la noche antes de asesinar a las profesoras con un rifle semiautomático a la entrada de su preparatoria, debe tener audiencia de vinculación a proceso ante un juez de Morelia, la capital del Estado, entre la noche de este miércoles y la mañana del jueves, según informó el fiscal michoacano, Carlos Torres Piña, al vencer las 48 horas desde su detención.

César Labastida Esqueda se hace muchas preguntas: “¿Cómo tomó Osmar la decisión de disparar? ¿Qué relación pedagógica tenía con las maestras? ¿Qué educación recibió de sus padres, su entorno, de los videojuegos, de las redes sociales? ¿Qué tal era como estudiante? ¿Dónde consiguió el arma de uso exclusivo del Ejército? ¿Dónde aprendió a odiar y a disparar? ¿Nadie en la comunidad vio un joven armado en su trayecto hacia la escuela? ¿Cuál fue el impacto de este hecho a nivel familiar, local, estatal, nacional y mundial?

Y por último se cuestiona, no sin miedo: ¿Qué tan lejos estamos los profesores de todo el mundo de un escenario como el que trágicamente sucedió en Lázaro Cárdenas, Michoacán?


II

Iniciando el mes de mayo, última etapa del semestre universitario y celebración del día del maestro, el profesor César Labastida se siente, paradójicamente, desvalido e inmerso en una ansiedad inconsolable.

Luego del hecho ominoso en Michoacán, Labastida se enteró del estrafalario tirador de Teotihuacán que, en extraña circunstancia y sólo coincidente con el día del mes (20 de abril), quiso emular la Masacre de Columbine y el nacimiento de Hitler.

El profesor César recordó una de las conversaciones con sus dos colegas de la universidad que hicieron alusión a un ensayo que habían realizado sobre la figura docente en el cine.

─…es que la situación de los docentes cada vez está peor, ¿verdad Tona? ¿No es así, Labastida?

Sí, parce, ya te había dicho que esto no va a mejorar. El burnout se ha expandido a todos los niveles del magisterio, es un problema global. Y la indefensión de los docentes frente a los alumnos y autoridades es cada vez más aguda. Las instituciones no apoyan a sus maestros.

Es cierto, doctor Tonatiuh… ─afirmó decepcionado, Labastida.

Sí, cieeerto, Tona. ─alargó la vocal “e” el profe Meixueiro. ─Deberíamos replantear el ensayo sobre los maestros en el cine. ¿Te has dado cuenta de que muchas pelis recientes sobre docentes abordan ya esta problemática?

Sí, cómo no, ─respondió el profesor Tonatiuh. ─ya lo vislumbrábamos desde la película de Szabó, Dulce Emma. Y ya recientemente, esta película alemana sobre una maestra que es acosada por sus propios colegas, autoridades, estudiantes y padres de familia…

Sí, parcero, es la peli El salón de profesores. ¡Está cañona!

¿Y qué me dicen de No hagas olas? Que ustedes me recomendaron. ─Interrogó Labastida.

No, bueno… ─expresó Meixueiro. ─Si ya en el cine se muestra la vulnerabilidad y el riesgo que corren los docentes, ¡ta´bien cañón! Y no estamos hablando de México o Latinoamérica. Son películas europeas…

Así es parce, si acaso también se nota la situación de alto riesgo en profesores, en pelis argentinas como El suplente o Puan.

Bueno… ─Intervino César. ─También se puede ver, de alguna forma, en Noches de fuego y Radical, ¿No creen?

Sí cieeertoo, Labastida. ─Volvió a enfatizar Meixueiro. ─Y éstas son mexicanas. Te digo, Tona, que debemos replantear aquel ensayo sobre la figura docente… Pero a pesar de todo, yo sigo perturbado por Sirat. ¿Ya la viste, Labastida?

No, aún no la he podido ver… ¿Es sobre maestros?

No, pero está pior. Prefigura el apocalipsis en el que nos encontramos las sociedades modernas… Así que mejor ya me voy a clase, no nos vaya a estallar una mina por aquí o en el aula…

El recuerdo de esa plática y las circunstancias recientes de violencia, llevaron al profesor César Labastida a tomar una decisión indefectible y cuidadosa: por ningún motivo vería la cinta Sirat y, a partir de ese momento, sus cinco sentidos estarían alerta para no pisar alguna mina antipersonal que, por lo visto, se encuentran colocadas en todo el campo educativo y social.

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“pálido.deluz”, año 15, número 188, "Número 188. Docencia: Profesión de alto riesgo. (Mayo, 2026)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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