Sacapuntas
El timbre de las 8
I
César Labastida Esqueda ha intercambiado su vida por impartir clase. Es lo que —se dice— mejor le sale. No se arrepiente de dejar su vida en los salones de clase.
En la docencia encontró no solo el sentido de su existencia profesional, sino como en ningún otro espacio, al ser humano con todas sus dimensiones: la humildad, empatía, gratitud, servicio, coherencia y grandeza, y también sus contradicciones, con destellos, a veces atroces, de rencor, apatía, traición y resentimiento social.
Durante mucho tiempo, en su práctica docente, percibió mucho más las características humanas gratificantes, solidarias, alegres y de aprendizajes concretos, por eso se enamoró del oficio y fue feliz durante décadas, compartiendo sus conocimientos en las aulas.