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Miércoles, Junio 23, 2021

A doscientos años del grito de independencia en Dolores, todavía festejamos el hecho como si se hubieran cumplido sus objetivos, como si los novohispanos de los siglos XIX, XX y XXI hubieran hecho la tarea de consolidar aquellos logros.

Ni México como sociedad se ha independizado, pues nuestra economía es una cadena de beneficios para otros, ni nuestra soberanía política nos permite una autonomía en las relaciones con otros países, al interior el gobierno no responde a su mandatario: al pueblo mexicano. Ni los mexicanos somos tan soberanos como lo quisieron Hidalgo y Morelos.

Las clases indígenas siguen maltratadas, humilladas, marginadas, el mestizaje que es la mayoría de la población aun vive como el leperaje en los últimos años de la Nueva España arrumbado en las ciudades, con salarios de hambre, con limosnas estatales de educación, salud y participación democrática; los descendientes de los criollos coloniales se quejan de los monopolios que disfrutan los nuevos criollos del siglo XX y estos se sienten atados. Se quejan de lo limitado del mercado nacional y de que no pueden hacer más dinero. Solo uno se come a todos los demás: ¿Carlos o Charlie?

Quienes iniciaron la guerra de la independencia en 1810 se manifestaban hartos del estado de cosas que producía la relación con España y de sus efectos sociales, económicos y políticos. Los criollos y los mestizos ya no se sentían españoles, si legalmente lo aceptaban, en su fuero interno se referían a sí mismos como americanos, indios, aborígenes, herederos de los mexicas, mayas y los chichimecas vencidos.

Por una parte el sentimiento de sometidos humillados, parados en seco se debía al carácter que el virreinato cobraba en el último siglo, Los reyes borbones no podían con su tempo, la Revolución Francesa los aturdió y para colmo Napoleón los trató como plebeyos, si los virreyes de los borbones llegaron pobres y en plan de conquista a hacer negocios prohibidos para su cargo y regresaron a España enriquecidos, los del siglo XIX tuvieron que extorsionar a la burguesía y a la iglesia novohispanas para soportar a los Bonaparte. Las exacciones peninsulares dejaron a la nueva España sin un centavo, con una deuda pública que el México independiente tuvo que reconocer y finalmente no pagar, a pesar de las nuevas amenazas, las castas y los indios pagaban con peores salarios y precios a sus trabajos y productos

Sin embargo, clases sometidas no eran mancas, se defendían, buscaban por la buenas o a la brava no dejarse, defenderse, atacar; claro que el poder del virreinato era usado sobre todo para mantener a raya las sublevaciones, las rabietas, las manifestaciones de las inconformidades; muchas veces se les pasaba la mano. p.e.: el virrey Branciforte, ante la oposición por la expulsión de los jesuitas, enfurecido gritoneó a los sublevados: “sabed que nacisteis para obedecer y no para las altas encomiendas del gobierno”

Branciforte cifra en esa frase la condición de los súbditos americanos de la Corona Española, la dignidad personal reducida a la nada; con todo en la mente de los criollos americanos crecía la necesidad de la independencia, la búsqueda de las libertades políticas y el ejercicio de la autonomía. Las medidas administrativas y políticas de Carlos IV obligadas por las guerras contra Francia e Inglaterra a las que se añadían los efectos de la más grande corrupción recaían sobre los americanos y los intereses de franceses e ingleses radicados en la Nueva España estos hechos enardecieron sus ánimos.

La educación de los criollos en manos de los jesuitas, por su parte dejó en las conciencias de sus alumnos las semillas de la conciencia criolla, antigachupina y la rebeldía: ante los malos gobiernos el derecho de derrocarlo y buscar otro que sirviera a sus intereses.

La expulsión de los jesuitas de los ámbitos de la corona española, además aumento el rencor de sus fieles contra el poder laico.

Y cuando los franceses invadieron España, derrocando a los reyes y poniendo a José Bonaparte como rey dependiente el Imperio Napoleónico, fue el colmo, las exacciones continuaban la demanda de dinero se mantenía, se saquearon los fondos económicos de la iglesia y las autoridades virreinales eran la mano del gato que jalaba también su parte.

Humboldt de paso por la Nueva España en esos años advirtió las diferencias: ricos soberbios, pobres humillados hasta el ninguneo; palacios y jacales, bordados de seda y andrajos: negocios públicos privados, negocios privados para los empleados públicos del virreinato; riquezas naturales todas, miserias sociales, todas.

Los criollos se organizaron, conspirando, lo mismo en la ciudad de México, que en la sierra del Nayar los indios y las castas se sublevaban, el cabildo de la Ciudad de México sugirió la independencia, sus propositores ajusticiados.

Las clases sociales que lideraron la guerra de independencia fueron las de los criollos ilustrados con empleos paupérrimos, los rancheros criollos ex accionados por la administración virreinal, los mestizos de la arriería, del pequeño comercio, de los minifundios, los pueblos indios mangoneados por los corregidores, los novohispanos de las castas que sobrevivían en las haciendas, los ranchos y los pueblos indígenas.

Hidalgo armó un ejército mixto- difícil de gobernar -integrado por los militares de carrera con Allende al frente y refractarios a unirse y organizarse con las masas de campesinos indios, de desempleados urbanos y de presos destinados a los trabajos forzados en las factorías de los criollos ricos, no pudo disciplinarlo, acabó dividido, fue derrotado y con sus líderes, finalmente fusilados.

Morelos recibió las órdenes de revelar a las provincias del sur. De Carácuaro en Michoacán a Oaxaca se formó un ejército que creció racionalmente, El Rayo del Sur resistió los deseos de los pueblerinos de incorporarse a sus filas, les asignó el trabajo de mantenerse productivos: recibió a los rancheros de las costas de Michoacán y de Tecpan (hoy Guerrero) Amos, caporales y peones: criollos, negros, mestizos y mulatos fueron organizados y disciplinados militarmente por Morelos, con salarios asignados según su grado militar (un cantar del ejército decía: por un soldado dos reales, por un sargento un doblón, por mi general Morelos la vida y el corazón). La comisión de Morelos empezó con éxitos que se medían con un ejército que crecía y que era cabalmente adiestrado, con las victorias que los dotaron de las armas y el parque de los derrotados y hasta de hombres nuevos que luego de prisioneros y puestos en libertad se sumaban al mismo.

Morelos ha sido considerado el caudillo mestizo que congregó al mestizaje nacional, impuso una idea: nadie vale más que nadie, aquí se acabaron los esclavos, las castas infames, todos somos americanos, de la América Mexicana. Morelos impidió las sublevaciones negras contra los blancos, admitió a los europeos que de corazón se integraran a esta lucha, propuso que todos iguales, solo seriamos diferentes por los méritos en la tarea común, Morelos amaba a su ejército, a los pueblos que lo secundaban, las recepciones en su honor eran celebradas con gusto, con bailes, con distracciones. Morelos compartía con el pueblo sus regocijos, nunca quiso los tratamientos ni de “tata” (purépecha, en español "padrecito”) ni de “alteza serenísima”, humilde se consagró como “El Siervo de la Nación”.

Morelos continuó la obra emancipadora de Hidalgo, refrendó la liberación de los esclavos, desconoció la obediencia a la Corona Española y definió a la nueva Nación como la América Mexicana, reivindicando a el Anáhuac derrotado por los conquistadores como el origen legítimo de la recuperación de su soberanía, organizó un gobierno civil que legitimara y administrara tanto la actividad militar como la civil, para legalizarlo creó un congreso que dictara nuestra primera constitución y sobreviviendo a todos los contratiempos, incluyendo algunas disidencias internas en Chilpancingo logró que se redactara el documento que luego fue jurado en Apatzingán con el nombre de Decreto Constitucional de la América Mexicana, los insurgentes lo nombraron así a sabiendas de que se producía en la guerra por la independencia y que lograda ésta y pacificado el país los mexicanos que la vivieran se darían la Constitución definitiva que los integrara y los comprometiera.

Morelos fue el hombre providencial de su tiempo, fue la conciencia política de una sociedad que quería ser una nueva nación, que debía integrar un pueblo- en su doctrina: el dueño de su propia soberanía- que de esa soberanía dimanara un legítimo gobierno dividido en tres iguales poderes: legislativo, ejecutivo y judicial para servirlos y ordenar la vida nacional, para atender los negocios internacionales y para garantizar las libertades que deberían gozar todos los nacionales.

Fue un genio militar y su mejor herencia fue el México que somos ahora, solo falta que nosotros seamos los mexicanos que el soñó que seríamos.
Solo quería que no fuéramos súbditos más que de nuestra propia voluntad, de las leyes que nos diéramos, que esa voluntad, más la inteligencia y la sensibilidad fueran productos de una ilustración garantizada con todo el poder de la sociedad, que reconociéramos nuestras diferencias de color, de condición social, de participación en la vida nacional como patrimonio colectivo y aprendiéramos a disfrutarlas, a respetarlas, a valorarlas para no repetir el numerito de la colonia.

Morelos vivió con desagrado su vida durante el virreinato, superó muchas de las trabas que como casta tenía para sobrevivir, ya adulto estudió para sacerdote, era lo que había para gente como él. La madurez del adulto se expresó en su vida sacerdotal y floreció en su carrera insurgente, se le ha menospreciado porque no era del origen de Hidalgo, pero el propio Hidalgo no se equivocó cuando le dijo que “no lo quería como capellán, que haría mejor papel como general”.

Morelos supo apreciarse tanto como su difícil tarea y no renunció a ella, a pesar de sus enfermedades, sus equivocaciones y sus enemistades.

Derrotado y humillado por el gobierno colonial no dejó de tener el reconocimiento de sus enemigos militares, ni el de la iglesia, su fusilamiento fue digno de su pensamiento: “Morir es poco cuando por la patria se muere”, su inteligencia mayor fue reconocida en el penúltimo momento antes de su fusilamiento cuando el general Concha recibió de manos del defensor legal de Morelos su última comunicación: conminado por las autoridades a denunciar a sus seguidores, sólo dio los nombres por todos conocidos y obligado a proponer una estrategia para derrotarlos escribió unas líneas que el mismo general Concha, su aprehensor y último amigo reconoció como una burla. Concha apreció aun mas a Morelos a su pundonor y a su inteligencia.

Morelos supo apreciarse tanto como su difícil tarea y no renunció a ella, a pesar de sus enfermedades, sus equivocaciones y sus enemistades.

El fusilamiento no mató a Morelos, es y será la guía política de los buenos mexicanos.

Su anecdotario es rico, como rica fue su humanidad, entre más poderoso, más humilde, al Congreso de Anahuac le dio el tratamiento de SEÑOR y se humillaba ante él, lo obedecía, aunque lo degradara, Morelos se declaró simplemente: EL SIERVO DE LA NACIÓN

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“pálido.deluz”, año 10, número 129, "Número 129. Usos múltiples de la comunicación y de la enseñanza de lengua (Junio 2021)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández,calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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